¿Nos conviene ser parte del Escudo de las Américas?
El pasado 7 de marzo, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, presentó en Florida, junto a mandatarios de 12 países de América, una iniciativa de contención al narcotráfico y al crimen organizado en la región, llamada Escudo de las Américas, mediante la cual se realizarán operativos conjuntos en el territorio de estos países; habrá intercambio de información de inteligencia, así como apoyo tecnológico, logístico y táctico para el combate de los cárteles de la droga.
Llamó la atención la exclusión de México de dicha cumbre, pero también de otros países como Canadá, Colombia, Venezuela y Brasil. Lo cual dio pie a especulaciones sobre dos vertientes: la primera, la mala relación de Estados Unidos con México, que se acrecentó con las referencias de que nuestro país era el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga, al tiempo que se burló haciendo una imitación de la negativa de Claudia Sheinbaum de realizar operativos conjuntos en suelo mexicano, a pesar de que se refirió a ella como una buena persona; y la segunda, la posibilidad de una incursión unilateral de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en territorio nacional para atacar a los cárteles.
Lo anterior abre las siguientes interrogantes: ¿es conveniente que México busque formar parte de la estrategia Escudo de las Américas? ¿Qué es aceptable ceder y qué no, para formar parte de esta estrategia? ¿Qué efectos contrarios tendríamos como país en caso de no participar?
Un primer punto para considerar es que el combate al crimen organizado exige de los países cooperación y coordinación constantes, ya que la acción de los criminales es transnacional y en actividades delictivas de gran calado participan organizaciones provenientes de muchos países.
Si además tomamos en cuenta que entre México y Estados Unidos existe el mayor caudal de tráfico de drogas y de armas en el mundo, es lógico pensar que los gobiernos de ambos países deben cooperar e intercambiar información para combatir al enemigo común, ya que, de no hacerlo, los principales beneficiados son los criminales.
Sin embargo, pensar que solo es posible la cooperación desde la subordinación a los Estados Unidos, adherirse a un programa diseñado por ellos que implica la entrada de tropas norteamericanas a otros países, no suena el camino correcto para naciones soberanas, porque existe más de una vía para cooperar y es posible pensar en esquemas que respeten la soberanía de los participantes, al tiempo que se ataca a las organizaciones criminales.
Escudo de las Américas tiene un problema de origen, y es que no trata con respeto a los participantes: ve a Estados Unidos como centro y eje de la estrategia, cuando en realidad las acciones se tienen que llevar a cabo en los territorios de los otros países. Por tanto, fueron invitados al esquema aquellas naciones que estaban dispuestas a permitir la operación de tropas estadounidenses en su territorio, y las que han sido renuentes y/o tienen gobiernos de izquierda, como México, Canadá, Colombia y Brasil, fueron excluidas.
Hay, por tanto, un componente más político que de seguridad en la estrategia, porque si a Estados Unidos le interesara frenar el tráfico de drogas hacia su país, no puede dejar de invitar a México y Canadá, ya que son las naciones con las que comparte miles de kilómetros de frontera terrestre. Tampoco se explicaría la falta de convocatoria a Colombia, que es el principal productor de cocaína en el mundo.
Por el contrario, sí convocó a Ecuador, que tiene un problema de violencia muy parecido al de México, en donde las organizaciones criminales incluso privaron de la vida a Fernando Villavicencio, candidato a la Presidencia de dicho país, o donde el propio Presidente Daniel Noboa fue objeto de un atentado fallido contra su vida. En cambio, Ecuador ya permitió una acción del Ejército de los Estados Unidos en su territorio, donde fue bombardeado un campamento del crimen organizado cerca de la frontera con Colombia.
México puede tener algunas consecuencias por no participar en este esquema; por ejemplo, quizá haya bolsas de apoyos económicos para el combate al crimen a las que no tengamos acceso y que los países que formen parte de la estrategia sí tengan, y tal vez aumenten las presiones de los Estados Unidos, pero tampoco se vislumbran secuelas fatales.
De hecho, Estados Unidos tendrá que seguir compartiendo información de inteligencia con México, aun cuando nuestro país se niegue a formar parte del Escudo de las Américas, porque es del interés de los norteamericanos que sigamos dando golpes en contra de los cárteles. También tendrá que seguir dando asistencia y la cooperación no se interrumpirá.
Más bien, el no invitar a México fue una jugada de presión para tratar de obligar a nuestro país a pedir su ingreso al esquema, pero asumiendo el costo de dejar entrar a operar a militares estadounidenses, que es el precio que se debe pagar. Y en realidad no lo vale, ya que, si bien el ejército de los Estados Unidos podría causarle gran daño a las organizaciones criminales mexicanas y muchos ciudadanos quisieran que así sucediera, lo cierto es que resulta altamente peligroso abrirle la puerta al ejército más poderoso del mundo. Primero, porque no sabemos qué excesos puedan cometer y, segundo, porque no existen garantías de que en el futuro los podamos sacar; y luego querrán, como en otros países, instalar bases militares permanentes en territorio mexicano.
En conclusión, creo que es acertado no buscar incorporarnos al esquema Escudo de las Américas si ello pone en riesgo la soberanía, aunque ello no implica que dejemos de buscar y proponer esquemas de coordinación y cooperación para el combate al crimen en conjunto con Estados Unidos, mientras los mismos no impliquen subordinación.
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El autor es profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad y doctor en políticas públicas por el CIDE.