Paz interior y anterior
A todos nos preocupa el ambiente de violencia e intranquilidad que flagela a nuestro estado. Sin embargo, no debemos olvidar que la paz es un camino largo y sinuoso que no se consigue con más elementos de seguridad, ni con más proclamas, pronunciamientos, manifiestos y marchas. Sí, son necesarias estas medidas y reacciones sociales, pero lo fundamental es cultivar la paz espiritual e interior como requisito previo, indispensable y anterior. Bien dijo Jesús: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5).
Sin una auténtica conversión del corazón no puede operarse ninguna revolución. Si nuestra alma está intranquila y alterada, resulta imposible que refleje la tan necesitada paz y tranquilidad.
El sacerdote francés Jacques Philippe lo expresó metafóricamente en su libro: La paz interior: “Consideremos la superficie de un lago sobre la que brilla el sol. Si la superficie de ese lago es serena y tranquila, el sol se reflejará casi perfectamente en sus aguas, y tanto más perfectamente cuanto más tranquilas sean. Si, por el contrario, la superficie del lago está agitada, removida, la imagen del sol no podrá reflejarse en ella”.
Añadió: “Con frecuencia nos inquietamos y nos alteramos pretendiendo resolver todas las cosas por nosotros mismos, mientras que sería mucho más eficaz permanecer tranquilos bajo la mirada de Dios y dejar que Él actué en nosotros con su sabiduría y su poder infinitamente superiores”.
Por eso, clarificó: “Bien entendido, nuestro discurso no es una invitación a la pereza o la inactividad. Es la invitación a actuar, a actuar mucho en ciertas ocasiones, pero bajo el impulso del Espíritu de Dios, que es un espíritu afable y sereno, y no en medio de ese espíritu de inquietud, de agitación y de excesiva precipitación que, con demasiada frecuencia, nos mueve”.
¿Cultivo activamente la paz interior?