Paz sin gatopardismo en Sinaloa
Plan anticrimen realista, no iluso

Alejandro Sicairos
02 septiembre 2026

Porque es insoportable en Sinaloa ver transcurrir los meses, agosto por ejemplo con 139 homicidios dolosos y 25 mujeres asesinadas, sin que asome algún vislumbre de la paz mínima indispensable que existía antes de que el 9 de septiembre de 2024 iniciara la narcoguerra, las estrategias y políticas públicas que vengan deben contener garantías de seguridad, certidumbre y gobernabilidad. Urge que las siguientes decisiones de los gobiernos federal y estatal estén apuntaladas con resultados por cierto no logrados durante dos años.

Basta de engaños y simulaciones que plantean cambios profundos para que todo siga exactamente igual o peor. La búsqueda de salidas emergentes requiere de despejar el humo y silenciar el ruido que gobierno y sociedad creamos, tal vez como ardid para no hallar las rutas de evacuación. Cualquier propuesta o voluntad para transponer el umbral del salvajismo en que estamos perdidos tendría que fincarse en la sinceridad del análisis y la reflexión generalizada sin la trampa de la mentira. La amnesia fingida estropea el sueño de un Sinaloa con paz.

Sin la pirotecnia fullera del poder, la Presidenta Claudia Sheinbaum tendrá que demostrar que la interrupción del gobierno de Rubén Rocha Moya, y la maniobra política que le cerró el paso al intentar regresar al cargo, tuvo el propósito de estabilizar a Sinaloa a través de contener la violencia, cosa que no ha sucedido después de cinco meses, o fue el gran montaje que distrajera la atención de lo cardinal. Por su parte, la Gobernadora Graciela Domínguez enfrenta la prueba de fuego que consiste en recuperar la seguridad pública como posibilidad única de salir bien librada en el interinato.

Ambas están colocadas bajo la lupa pública que las desmenuza para corroborar si esgrimen la franqueza como el mejor método para reconstruir la esperanza que pende de lo que haga Sheinbaum, que en su Segundo Informe de ayer narró un País inexistente para los mexicanos, lleno de amor y en plena primavera laboral y económica, así como dijo que Culiacán está en el centro de la prioridad nacional pacificadora, a la vez que Domínguez dará a conocer en unas horas el Plan Integral para la Seguridad y Gobernabilidad con la expectativa de que no le signifique a Sinaloa mayor gatopardismo.

En este contexto, la gente exige el tajante alto a las entelequias que intentan tapar el sufrimiento de los deudos de los muertos, la consternación de las familias que buscan a sus desaparecidos, el agobiante éxodo de los desplazados por la violencia y la angustia de perder los empleos que se refleja cruel en la mesa de los hogares. Llegó la hora de consumar la acción colectiva que diseñe el mañana reconfortante, con base al aprendizaje que deja el recorrido de veredas con lodos y abrojos que nos trajeron hasta aquí.

Que no fenezca la esperanza en que, por encima de las estadísticas oficiales sobre golpes a las células criminales en choque y el speech de que estamos mejor que antes, las mujeres que nos gobiernan perciban la indescriptible autenticidad de la violencia que a diario le eriza la piel a la población sobreviviente en las regiones centro y sur del estado y esporádicamente en la zona norte. Que entiendan de una vez por todas que no se trata de números tallados en piedra; son pérdidas de carne y hueso que golpean el alma de la gente.

Ser realistas en la encrucijada de conocer el origen del flagelo y combatirlo desde las raíces. La narcoviolencia arraigó en Sinaloa durante más de medio siglo de convivir con ella y meterla a las familias, la economía, la política y el gobierno. Aquellos años de la Jauja en que ciudadanos y crimen organizado le concedimos viabilidad al presente que ahora nos estalla en las manos.

Recordemos que el principal origen de la vieja y nueva cohabitación placentera, aunque también letal, la impulsaron políticos que en el ejercicio de la función pública promovieron la entelequia del cogobierno al cederle a la delincuencia vertebrada tajadas importantes del poder legítimo. Se placearon con ellos hasta con cierto orgullo, les entregaron el control de la seguridad pública, mezclaron los recursos públicos con dinero de clara procedencia criminal y desde allí emanó el mensaje a la sociedad de que era cosa normal, sin advertir el adefesio que alimentábamos.

Y sí. Tanto los gobernantes como los sinaloenses necesitamos decirnos la verdad y dejar de apuntar dedos acusadores hacia todos lados, que casi nunca nos señalan a nosotros mismos. Sólo de esa manera repasaremos la génesis del fenómeno que hoy nos involuciona a tejido social bárbaro y podrido. Sin dicha catarsis ni el miedo a revisar el mea culpa, lo único que lograremos es pausar la narcoguerra actual con la certeza de que pronto vendrán otras quizás de mayor atrocidad.

Presidenta y Gobernadora,

Mantengan la esperanza viva,

Sin la tramposa expectativa,

Que a las crisis las empeora.

Al registrarse ayer en el Partido Acción Nacional para buscar la candidatura a Gobernador de Sinaloa, Eduardo Ortiz Hernández pone de manifiesto que no aprendió la lección donde una y otra vez la voluntad popular le ha explicado que en la política no existen las segundas oportunidades para aquellos que ya se calaron en las urnas electorales y reprobaron el examen. La primera reacción de la militancia del albiazul prefirió inclinar la balanza futurista a favor de la priísta Paola Gárate o ya de plano optó por escoger al ex morenista Jesús Estrada Ferreiro. Los cibernautas preguntaron si con esos perfiles el PAN busca dar la pelea en las elecciones de 6 de junio o sólo participará por mero trámite que le permita conservar las prerrogativas.