Pemex: responsabilidad y percepción
Desde febrero de este año hay reportes sistemáticos de un significativo derrame de petróleo en el Golfo de México.
El evento, desde la mirada internacional, no ha sido menor y ha activado reportes que han pretendido llamar la atención sobre la gravedad del derrame.
Diversas organizaciones han señalado inquietudes respecto de la magnitud del evento y el posible origen del mismo.
Frente a ello, desde febrero, el Gobierno federal ha ensayado diversas reacciones.
La magnitud se quiso minimizar (“sólo fueron unas gotas”) (“la Oposición siempre exagera”), y el origen se quiso transferir (barcos, chapopoteras, imponderables en alta mar).
Pues bien, después de vergonzosas conferencias de prensa de las más altas autoridades en la materia, esta semana, por fin se reconoció que los derrames de hidrocarburos en el Golfo de México son responsabilidad de Pemex.
El origen es una falla en un ducto en el complejo Abkatún, que ha contaminado las costas de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas.
Por fin, lo que la comunidad alertaba a gritos fue admitido por el Gobierno federal. Parece un caso que ilustra con solvencia cómo se gestionan las crisis hoy por hoy.
Hay un derrame de petróleo inusual en un área extensa: busquemos responsables externos. Hay reportes de organizaciones internacionales que apuntan a que la responsabilidad de los derrames es Pemex: encontremos distractores, lo que sea, para eximirnos de culpa. Porque el control de las primeras planas parece más relevante que el acercamiento a la verdad. Se pretende gobernar desde la percepción renunciando a ejercer el poder desde la responsabilidad.
Pero más allá de esta nueva constatación del engaño como método, llama la atención el deteriorado proceso en la toma de decisiones.
Es poco creíble, por decir lo menos, que un derrame de hidrocarburo de las dimensiones del que se produjo en febrero no haya merecido la atención prioritaria de las más altas autoridades; decirnos hoy que el mismísimo director de Pemex tuvo que solicitar por oficio información, y que descubrió negligencia en algunos de sus subordinados es insistir en el engaño.
Para una industria que invierte tanto en el monitoreo de sus procesos, es una ofensa que se sostenga esa versión. El sello de la casa: los directivos nunca son responsables, siempre habrá un maquinista al que echarle la culpa.
Ahora estamos en otra fase de conflicto, entramos en la reparación de daños, no sólo a los pescadores que desde el principio exigieron indemnizaciones, sino de la comunidad internacional que, con apego a derecho, puede reclamar reparación del daño causado.
Así, en lugar de reconocer a tiempo la responsabilidad y eventualmente acudir a la cooperación internacional para mitigar a tiempo el daño, hoy quedamos como malos gestores petroleros, por no decir abiertamente mentirosos.
Las primeras planas son efímeras. Ojalá se aprenda la lección.
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El autor es consultor internacional en materia electoral.