Petróleo en el Golfo de México: políticas que arrasan con el mar

Oceana
24 julio 2026

Con la reciente firma de un memorándum de entendimiento entre Pemex y la petrolera de origen brasileño Petrobras, sumada al rescate financiero de la empresa estatal mexicana, disfrazado de presupuesto para transición energética, el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum evidencia su intención de abrir la puerta a la explotación de petróleo en aguas profundas del Golfo de México.

Esta estrategia pone en riesgo tanto la salud de este ecosistema como los medios de vida de miles de comunidades que habitan la región.

Se trata de una política gubernamental -que no política pública- que apuesta por rescatar a una paraestatal endeudada y mantener la dependencia de los hidrocarburos, al tiempo que se aleja de una verdadera transición energética hacia fuentes limpias, renovables y de bajas emisiones, arriesgando el capital natural de la nación y el bienestar de quienes dependen de la salud del mar para vivir.

La diferencia entre una política gubernamental, que es el reflejo de la agenda de intereses de los funcionarios públicos en turno, y las políticas públicas, es que estas últimas se orientan a resolver o atender problemas de carácter público o necesidades concretas de la sociedad identificadas por los gobiernos. En palabras de expertos como Luis Aguilar (2012), “las acciones de gobierno, que tienen como propósito realizar objetivos de interés público y que los alcanzan con eficacia y con eficiencia, son lo que en términos genéricos puede llamarse política pública”.

La dependencia de los hidrocarburos para abastecer de energía a una creciente e imparable industria y atender la inmediatez de la agenda gubernamental para subsanar las necesidades de una también obsoleta industria eléctrica nacional abre la puerta a expandir la búsqueda de petróleo hacia aguas profundas, lo que aumenta los accidentes y desastres en su explotación y transporte. Los contaminantes más comunes en los derrames de hidrocarburos, como los casos del Deepwater Horizon y el Exxon Valdez, son el petróleo y los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs), causantes de daños al ADN, inflamación y mutaciones genéticas que inciden negativamente en la salud y reproducción de muchas de las especies de mamíferos marinos.

El Golfo de México es hábitat de al menos 30 especies de mamíferos marinos, agrupados en cetáceos (delfines y ballenas) y sirénidos (manatíes), todas ellas con estrategias o regulaciones federales de protección especial. Destacan especies como el cachalote, la orca, al menos cinco especies de delfines, la ballena franca y el manatí de las Antillas, solo por mencionar algunos.

Los mamíferos marinos como ballenas y delfines constantemente se encuentran amenazados por la destrucción de los hábitats marinos y costeros, por la contaminación del agua, por los derrames y desastres de hidrocarburos, por su uso para espectáculos acuáticos y por la cacería que aún llevan a cabo algunos países. La ONU reconoció estas amenazas y decretó el 23 de julio como Día Mundial de las Ballenas y los Delfines con el fin de atender esta crisis y eliminar cualquier actividad que ponga en riesgo su sobrevivencia.

Contra políticas que arrasan con el mar, es preciso insistir en la importancia que el Golfo de México tiene para la supervivencia de ballenas, delfines y todas las especies que lo habitan; evitar a toda costa la expansión de la industria del petróleo en aguas profundas, que pone en riesgo su salud y la provisión de los bienes y servicios que significan bienestar para millones de personas en México y el mundo.

Esteban García-Peña Valenzuela es coordinador de Investigación y Políticas Públicas en Oceana.