Plurinominales contra plurinominales

Salomón Gaxiola
07 marzo 2026

Efectivamente parece ser que el Gobierno federal no tiene algo mejor que hacer. Ya se presentó una nueva reforma electoral y, para sorpresa de nadie, a tan sólo un día de haber sido presentada ya se cuenta con el dictamen de las comisiones listo. ¡Qué eficiencia!

Si usted me ha hecho el favor de leerme, sabrá que en este espacio se ha defendido la independencia del INE frente al Poder Ejecutivo. También se ha señalado que estoy a favor de la existencia de los diputados plurinominales, aunque no de la manera en que los partidos políticos los han utilizado.

Sigo pensando que no todos los representantes deben ser elegidos exclusivamente por voto directo. Que un político tenga carisma y pueda ganar una elección no lo convierte necesariamente en un buen Legislador; ejemplos sobran. Sin embargo, resulta cuando menos curioso que hoy algunos políticos que llegaron al cargo precisamente por la vía plurinominal sean quienes ahora critican ese sistema.

Un ejemplo es el del Diputado Arturo Ávila, quien recientemente señaló que no deberían existir listas de plurinominales designadas por las “cúpulas”, sino que el 50 por ciento de los lugares se otorguen a quienes hicieron campaña y perdieron la elección, mientras que el otro 50 por ciento sea decidido por “la gente”. Lo curioso es que el propio Diputado no llegó al cargo ni por haber hecho campaña ni por haber sido elegido directamente por la ciudadanía, sino justamente por una lista plurinominal.

Otro ejemplo, quizá aún más ilustrativo de la incongruencia política, es el de Pablo Gómez, hoy encargado de la comisión que impulsa la reforma electoral. Gómez fue uno de los primeros 100 diputados plurinominales en la historia del País y ha ocupado ese tipo de cargo en tres ocasiones más; solamente una llegó por voto directo. Hoy es quien encabeza los esfuerzos por modificar la forma en que se eligen estos representantes.

Entrando al contenido de la reforma, en la Cámara de Diputados se mantendrían 200 legisladores plurinominales: 100 serían asignados a los llamados “mejores perdedores” y los otros 100 serían elegidos mediante votación directa en cinco circunscripciones regionales. En el Senado desaparecerían 32 escaños de representación proporcional.

La reforma también modifica la fórmula mediante la cual se calcula el financiamiento público de los partidos políticos para sus actividades ordinarias. Asimismo, reduce el tiempo oficial en radio y televisión destinado a las campañas electorales. Además, establece que cuando se utilice inteligencia artificial para generar contenido electoral, éste deberá identificarse expresamente como tal; de lo contrario, se podría sancionar tanto a quien lo produzca como a quien lo difunda. Como podrá imaginar, esto abre un abanico muy amplio de supuestos que incluso podría alcanzar a los ya famosos memes políticos.

Hay otro punto que llama particularmente la atención: se elimina la educación cívica como una de las obligaciones de los institutos electorales. ¿Cuál podría ser la razón detrás de esa decisión?

Por favor, que no se entienda que pienso que la autoridad electoral no debe tocarse. No es así. Como toda institución pública, siempre es susceptible de mejorar. Lo que considero necesario es que las reglas electorales garanticen que todas las fuerzas políticas estén debidamente representadas. Tengo la impresión de que esta reforma no camina en ese sentido. Más bien parece diseñada para que el partido fuerte siga siendo fuerte.

Históricamente, las reformas electorales en México -particularmente desde 1977- buscaron precisamente lo contrario: equilibrar el poder y evitar que una sola fuerza política concentrara la representación. Esta reforma, en cambio, parece caminar en sentido inverso.

Ah, y se me olvidaba: también se plantea que representantes de los tres poderes y de los tres órdenes de Gobierno puedan promover la participación ciudadana en mecanismos de democracia directa, como consultas populares o procesos de revocación. Es decir, veríamos al Poder Ejecutivo, al Legislativo e incluso al Judicial participando abiertamente en campañas políticas. ¿No sería mejor que se pusieran a trabajar?

PD 1. Movimiento Ciudadano ha propuesto que el voto sea obligatorio y que la edad para votar se reduzca a 16 años. ¿Qué le parece?

PD 2. Ya lo he mencionado en este espacio y vale la pena repetirlo: a muchos hombres nos cuesta reconocer que tenemos ciertos privilegios que damos por sentados. Conviene recordarlo, especialmente en vísperas del 8 de marzo.