Polvo enamorado
Una canción escrita por Mauricio González de la Garza, y que hizo famosa la interpretación de José José, se llama “Polvo enamorado”. Sin embargo, la expresión es más antigua y fue acuñada por la gloriosa pluma de Francisco de Quevedo, en su poema titulado: “Amor constante más allá de la muerte”, que comienza diciendo: “Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día”, y finaliza perentorio:
“Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido; venas, que humor a tanto fuego han dado; médulas, que han gloriosamente ardido. Su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado”.
La ceniza siempre ha tenido sentido para nuestro pueblo. Entre los antiguos indígenas, existía la costumbre de colocar al recién nacido en un cruce de caminos rodeado de ceniza, para ver qué animal se acercaba y dejaba su huella, convirtiéndose en el nahual o protector del niño; por eso, se les ponía nombre de algún animal, como Cuauhtémoc, águila que desciende.
Sin embargo, entre los hebreos existía un antiguo ritual de ceniza, como se atestigua en varios textos de la Biblia, para simbolizar el arrepentimiento, penitencia y humildad ante Dios por los pecados cometidos. Era un compromiso de cambiar de conducta.
Por eso, al iniciar el tiempo litúrgico de la Cuaresma se adoptó este rito de imposición de ceniza para simbolizar la penitencia y compromiso de conversión, retomando la frase bíblica del libro del Génesis: “Con el sudor de tu frente comerás tu pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado. Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”. También se puede sustituir por otra fórmula que expresa el arrepentimiento: “Conviértete y cree en el Evangelio”.
¿Soy polvo enamorado que cambia de conducta?