Promisorio
Después de la fiesta futbolera viene la calma y la reflexión sobre la realidad política de nuestro hermoso y progresista País, que tantas esperanzas nos hace abrigar en un promisorio mañana, preñado de buenas nuevas, sobre todo para su generoso pueblo, que es la riqueza más grande que tenemos.
El rumbo de progreso con bienestar, que actualmente sigue México, cuenta con el entusiasta apoyo de la ciudadanía. Esto tiene una gran importancia, porque este respaldo expresa el sentir de las mayorías, que pese a todas las dificultades que surgen, sobre todo por presiones externas, reflejan el pacto esencial que existe entre el pueblo y el actual gobierno progresista.
No se puede minimizar este consenso social favorable a las políticas públicas del actual gobierno nacional; por el contrario, debemos dimensionarlo como algo positivo, como un voto de confianza que el pueblo ha otorgado al gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, que tiene el gran mérito de propiciar el diálogo y el entendimiento entre los distintos sectores que forman nuestra compleja sociedad.
El pueblo nunca se equivoca en sus apreciaciones políticas, tiene una forma muy equilibrada de analizar las políticas y los programas que el gobierno aplica en los distintos rubros que le atañen; tiene, por así decirlo, un olfato natural para valorar el quehacer de los gobernantes y pronto se da cuenta si éstos llevan por buen rumbo los destinos de la gobernanza, o si van por el camino dando tumbos o pasos equivocados. El pueblo nunca falla en su apreciación, siempre su punto de vista es tan preciso que da en el clavo, porque tiene una lógica muy afinada y sabe si la gobernanza está ampliando o, en su defecto, reduciendo las libertades políticas y sociales.
Gobernar para bien del pueblo es la mejor manera de consolidar la gobernanza. Es muy importante que el Gobierno, tanto estatal como federal, mantenga un diálogo abierto con la ciudadanía, es la mejor manera de no errar en la conducción de la función pública, no olvidemos que “Vox populi, vox dei”, es decir la opinión del pueblo es la voz suprema, de eso no hay ninguna duda.
Ese es el rumbo que, en mi opinión, nunca hay que perder. Cuando se tiene un gobierno democrático como el actual se piensa en la participación popular sin condiciones y tomando la voz del pueblo como base y guía segura para la función pública. La cosa es muy sencilla, mantener el diálogo permanente con los sectores populares de la sociedad asegura la buena marcha de los asuntos públicos.
Hay un dicho popular que resume todo lo que hemos venido señalando: “Pa’ qué tantos brincos, estando el suelo tan parejo”. Con esas palabras podríamos sintetizar el largo rollo que acabamos de redactar, convencidos que en esencia el gobierno democrático debe ser una correa de transmisión del sentimiento popular. El pueblo conoce como nadie los problemas sociales, no de una manera teórica o desde un lejano escritorio a mil kilómetros de distancia, los conoce al derecho y al revés porque los vive y sufre en carne propia.
Es muy importante que el País y el estado tengan gobernantes que dialoguen permanentemente con el pueblo, que haya comunicación, entendimiento, de esa manera se consolida la gobernanza y se hace casi imposible defraudar al pueblo. A veces, la realidad es compleja y los problemas mayúsculos, pero, incluso en esas circunstancias, se debe buscar el intercambio de ideas, el diálogo, las zonas de entendimiento, priorizando siempre el sentimiento popular.
En nuestra larga trayectoria analizando la situación política del país, nos hemos topado con asuntos complicados, con situaciones que en apariencia no tenían solución. Pero, incluso en tales casos, considerar como esencial el sentimiento popular finalmente nos lleva a solventarlos, incluso con medidas sencillas y fáciles de aplicar.
Esas experiencias nos permiten afirmar que la vida es más sencilla de lo que aparenta y que, si hay buena fe y nobleza, incluso a los problemas aparentemente imposibles se les encuentra soluciones sencillas. Allí está el detalle, como decía el gran actor de cine, no le demos tantas vueltas a los asuntos candentes, busquemos siempre soluciones sencillas, prácticas, priorizando el sentir popular.
La vida es bella y hay que vivirla con alegría, pensando que mañana nos va a ir mejor. La vida nos da cada sorpresa que nos hace sentir que los días y las noches son cada vez más cortos de lo que uno se imagina, por eso cada momento hay que vivirlo plenamente.