Qué cambiar y cuándo hay que cambiar.
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mcorrales@grupoimpulsora.com
Por un lado, la resistencia al cambio y falta de visión y del otro el sentido de innovación y hasta la disrupción, son dos extremos de la transformación en las organizaciones y en medio de esto se encuentra el elemento llamado Timming, (Sincronización en su traducción literal). El momento adecuado para cambiar algo, y es que como dice el dicho “Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre”. Haciendo referencia a que ni es bueno dejar de hacer, ni el exceso de modas, novedades e imposiciones fuera de momento que generen un riesgo de efectos, consecuencias o reacciones que puedan salirse de control.
Anteriormente cambiar se trataba de una decisión, la sensibilización y preparación para el cambio era algo común, la resistencia al cambio un tema que trabajar. Hoy cambiar es una necesidad, la velocidad de cambio es a tal grado que la adaptabilidad es ya una competencia requerida en las empresas y en las personas que le integran, aceptar el cambio como una constante y estar preparado para el mismo una obligación, ya que ninguna industria está intacta a la disrupción que generan las nuevas tecnologías y con ellas la aparición de nuevos competidores. Pero también nos vamos al otro extremo, de pronto todo lo queremos cambiar.
Hace días, asistí a una conversación relacionada a transformación digital, sin querer y sin saber, en la modalidad se incluía una mezcla entre la presentación de negocios, cata de vinos y música, me enganchó la presentación del expositor de música (era un apasionado del tema), pues para poder llegar a hablar del género al que se dirigía, primero abordaba la esencia de la música en sí misma (melodía, ritmo y armonía), la sucesión y secuencia de los sonidos, la duración de cada uno con su respectivo acento y el control de la simultaneidad de varios sonidos.
Lo anterior me genera mucha semejanza al proceso de cambio y transformación de la empresa, saber qué cambiar y cuándo cambiarlo tiene su propia melodía, ritmo y armonía, se requiere un alto grado de sensibilidad hacia el exterior y el interior, un orden de prioridades, alineación, decisión y una perfecta comunión con la actualidad y el futuro que busca y requiere la empresa.
En el libro Reinventar las organizaciones se define un concepto llamado “El propósito evolutivo” señala que una organización tiene su propia energía y sentido de rumbo y que nuestro papel es alinearnos con ella en vez de dirigirla.
Para saber a dónde ir la respuesta es “sentir”, todos en la organización somos sensores naturales dotados para darnos cuenta cuando algo no funciona tan bien como podría o cuando se abre una nueva oportunidad, cuando tienes personas autogestionadas con capacidad de hacer y evaluar su trabajo, sin necesidad de un superior que le diga las cosas que sabe que se deben hacer por el bien de la empresa. Todos pueden ser sensores e iniciar cambios, así como en un organismo vivo cada célula percibe su entorno y puede alertar al organismo del cambio que es necesario hacer.
Así pues, no es necesario forzar la dirección del cambio a lo que consideramos es correcto sin considerar las condiciones y el momento, más bien hay que identificar (sentir) el momento y las condiciones, para entonces sí, gestionar el cambio en la dirección correcta.
Profesor de ICAMI en las áreas de Dirección General, Dirección de Personas, Administración y Finanzas.
ICAMI, Centro de Formación y Perfeccionamiento Directivo