Reconstruir la fraternidad
La poesía de Anne Carson, Premio Nobel de Literatura 2026, no es convencional ni busca adornos estilísticos; más bien, profundiza en la literatura grecolatina y hurga los significados etimológicos que expliquen, expliciten e iluminen los acontecimientos presentes.
“La poesía es probablemente más útil que la prosa ahora, porque todo el mundo tiene prisa ahora. Es buena porque es breve, excepto Homero. Homero no es breve”, afirmó.
Una de sus obras se titula. “Nox”, que quiere decir noche, en latín. Decimos obra, porque no se trata de un libro en sí, sino que Carson reunió en una caja una especie de acordeón desplegable en el que recopiló cartas, fragmentos de sus escritos, fotografías y algunos recuerdos para dirigirse a su hermano, Michael, quien había fallecido cinco años antes, y con el que no había mantenido contacto cercano durante veinte años, tratando de reconstruir la relación y disipar la niebla de la ausencia.
En esta obra ocupa un espacio especial el poema 101 de Cayo Valerio Catulo, escrito antes del año 57 antes de Cristo, que ella tradujo del latín:
“Por muchos pueblos y por muchas aguas llevado, vengo, hermano, a estas miserables profundidades, para honrarte con el último oficio fúnebre y hablar inútilmente a tu muda ceniza, puesto que el destino te alejó de mí, ¡ah! infeliz hermano, injustamente arrancado de mí; ahora, sin embargo, acepta esta ofrenda, que por antigua costumbre es lanzada a las profundidades en tu triste oficio, mojada en llanto fraterno, enormemente, y para siempre, hermano, hola y adiós”.
Tal vez, una frase de su libro: “La belleza del marido”, le ayudó a paliar el dolor y el sufrimiento escondido, a través de un ácido humor: “Siempre alivia creer que hay un secreto detrás de eso que te atormenta”.
¿Reconstruyo la fraternidad?