Rectificar el rumbo

Rodolfo Díaz Fonseca
09 septiembre 2021

La actual pandemia nos ha enseñado lo que le sucede al ser humano al perder el rumbo. Cuando la sociedad se pretende construir sin proyecto sustentable y brújula ética que lo norme, es normal que el supuesto progreso degenere en satisfactores consumistas y egoístas.

Nos movemos en un mundo altamente tecnificado, pero sin espiritualidad. Contamos con una sociedad ampliamente informada, pero tanta infoxicación conduce al estrés y la convierte en una sociedad del cansancio, como precisó Byung-Chul Han.

No percibimos que los enemigos del ser humano no atacan desde el exterior, sino que fincaron su línea de ataque desde el interior. El hombre se somete a una sociedad del rendimiento y satura completamente su entendimiento.

En efecto, el ser humano distrae su atención con múltiples actividades que no le permiten realizar una inmersión contemplativa y naufraga en el aburrimiento.

Giovanni Sartori definió al ser humano como un “homo videns”, puesto que vive absorto y clavado en la pantalla; por eso, Chul Han subrayó que urge implementar la pedagogía del mirar, la cual invita a la reflexión y desaceleración de la vida cotidiana.

Al perder el rumbo, el hombre no solamente ha experimentado un cansancio físico, sino un agotamiento solitario -sin comunión con los demás- que arrasa el alma.

Josep Esquirol afirmó que el ser humano ha perdido el rumbo desde hace tiempo: “El gobierno del mundo continúa demasiado lleno de banalidad y de intereses particulares. Y, entre todos nosotros, tras haber tratado la tierra como almacén de recursos, éstos ya casi los hemos agotado y aquélla la hemos degradado a depósito de desechos. Mientras tanto, la transformación tecnológica de la sociedad, en complicidad con el consumismo, actúa sobre nosotros a modo de narcótico y amenaza secretamente con arrojar todo por el despeñadero”.

¿Rectifico el rumbo?