Regresa protesta agrícola a Culiacán
Retiemblen los tractores en el centro

Alejandro Sicairos
12 enero 2026

Como si la ruina la orillara a sacar el granero de sus valles y traerlo a la ciudad para mostrar los escombros, Culiacán volverá a ser hoy la antítesis de lo que el destino le marcó como rasgo y actitud, transmutando del verde de sus tierras labrantías al gris panorama de productores del campo que descuidan las parcelas para venirse a protestar sobre el pavimento, quizás apostándole a lo que pinta ser el último relámpago de esperanza ante la cercanía del trueno.

Otra vez el rugido de los motores de tractores será música dramática de fondo frente al inaudito silencio del Gobierno que en el discurso aspira a la autosuficiencia alimentaria y en los hechos la obstaculiza. La urbe antes corazón del mayor emporio agrícola que ahora soporta a duras penas la atrocidad de gatilleros disparando en los cruceros contra limpiavidrios y aparte se le agrega la afrenta de la movilización agrícola.

A la Perla del Humaya cuya superficie es el maíz, como lo plasmó Ramón López Velarde en La Suave Patria, se le mancilla el suelo con la indefinición de políticas públicas que estén a la altura del tesón irrenunciable para obtener los frutos que estabilicen la mesa de las familias de los mexicanos. La contradicción de las trojes vacías, que mejor dicho constituye abominación.

Le falta mayor capacidad de decisión al Secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Julio Berdegué Sacristán, para inducir a la Presidenta Claudia Sheinbaum en la visión del campo próspero y desde tal vocación por la pujanza verde sembrar semillas de gobernabilidad. El funcionario de origen mazatleco, desde su privilegiada posición como científico en el tema está en el lugar y tiempo exacto para lograr que Sinaloa vuelva a ser referente mundial de paz construida desde el esplendor del agro.

La crisis del campo origina que toque fondo la confianza depositada en las autoridades. Las promesas operan a manera de placebo de la demagogia que trata de debilitar a la agricultura ajustándola al modelo de la labranza de la tierra con fines de subsistencia. La expectativa de la bonanza trazada sobre pliegos de mentiras, hectáreas de abandonos y toneladas de decepciones. La peor plaga resulta ser la indiferencia de las instituciones y quienes las dirigen.

Por estas y muchas otras razones las máquinas saldrán a plasmar la inconformidad por los bajos precios de las cosechas, la crisis de seguridad pública que agrava los tantos trances hoy existentes, la sequía que labra esperanzas pero prosigue amenazante, y por el derecho de los ciudadanos a disponer de productos agrícolas de calidad y pertinencia garantizadas en el vivero de los optimistas.

La protesta es contra el abandono de la tierra antes que agregarle mayor pérdida a la labranza de ésta, los bajos precios internacionales para granos y la carencia de estímulos en el País, el almacenamiento hídrico que salva ciclos de siembras pero ahuyenta certidumbres a largo plazo, y problemas fitosanitarios que llegan junto a otras calamidades e integran el círculo vicioso donde sembrar sale caro y jugarse el futuro en ello no vale la pena.

Los productores y enseres de cultivo salen este día a evidenciar el colapso de sus actividades y el Gobierno no les cree que estén tan amolados. A los obreros de la tierra los invade la desilusión y a las dependencias relativas al agro las inmoviliza la incomprensión. Y pobre de aquel sector de la economía sinaloense que llegue a estar aplastado por tan perjudicial pinza del conflicto.

Importa bastante que se despejen rutas hacia lo fundamental en el Culiacán de la guerra entre narcos, de las centenas de personas que desaparecen como si se las hubiera tragado la tierra, de casi seis homicidios dolosos diario, de las casas y negocios bajo fuego, del uso de artefactos explosivos dejados caer desde drones. El campo tiene dicha crucialidad que no admite mezclarlo con los menoscabos actuales.

Escuchemos entonces tal cardinalidad, entre ruidos de maquinaria agrícola, ruidos de discursos, ruidos de pasos que hacen que el asfalto hable. Ruidos que algunos no oyen ni les quita el sueño. Ruidos silenciados en bocas que dejarán de masticar si los frutos del campo dejan de llegar a sus platos.

Al campo le susurra el viento,

al anunciar una zafra buena,

que el corazón late contento,

cuando encuentra la panza llena.

Aun cuando el estado de cosas no dé para echarse a dormir sobre los laureles, la sorpresa que arrojó la más reciente encuesta mensual de Demoscopía Digital es que el Presidente Municipal de Culiacán, Juan de Dios Gámez, con 55.2 puntos de aprobación, aparece como el mejor evaluado de las y los alcaldes de Sinaloa, lo cual es resultado del mejor manejo de la imagen del edil y la intensa actividad que desarrolla en colonias y sindicaturas. Pero como dice él mismo lo importante es “venir al territorio, venir al encuentro, al diálogo; es precisamente conocer esas necesidades y con base en eso hacer nuestros proyectos de trabajo”.