Retos y oportunidades

Carlos A. Dumois
11 mayo 2026

El retiro familiar empezó con reflexiones profundas entre los miembros de este grupo de empresas. No estaban presentes todos los socios. Los que faltaban son dos primos que han expresado su interés de separarse después de años de conflictos y desavenencias.

El líder de Dueñez abrió el evento con un planteamiento claro del propósito de la reunión. Les convocó a construir un proceso de separación objetivo y respetuoso que no destruya valor en las empresas y no deteriore más las relaciones familiares. Les instó también a sacarle mucho provecho a esta etapa importante para el grupo y para sus relaciones como familia.

Les expresó: “El gran reto que tenemos no es solamente llegar a una separación accionaria, sino demostrar que somos capaces de manejar esta difícil negociación con madurez, inteligencia emocional y responsabilidad generacional. Necesitamos escuchar a la otra parte, separar a las personas de los problemas y comprender los intereses detrás de las posiciones. En estos dos días hemos de salir con una visión unificada respecto a nuestros intereses y prioridades”.

Ante ese contundente y correcto planteamiento, nos avocamos a identificar cuáles son las oportunidades más relevantes para este grupo ante ese inmenso reto que enfrentan. Aquí les comparto lo que entre todos concluyeron al respecto.

La separación puede llevarnos a unas estructuras de propiedad y de gobierno más potentes para los que sí queremos seguir juntos. Aprovechemos esta oportunidad para facilitarles el manejo colegiado a las siguientes generaciones.

Lo que vamos a vivir debe generar un avance significativo en nuestra evolución y maduración como familia empresaria. Esto significa una oportunidad de aprendizaje muy valiosa que podremos capitalizar para las actuales y futuras generaciones.

También podemos reforzar nuestra relevancia como grupo familiar a través de la concentración de nuestro portafolio de negocios y del rediseño de nuestra estrategia de creación de valor.

En este proceso hemos de crecer como familia para construir una relación más cercana, voluntaria y gustosa que nos permita participar sin presión y con agrado en nuestras interacciones de negocio.

Como quedemos después de este cambio nos habrá de permitir cultivar el cariño por los negocios en común, conociéndolos desde abajo y hacia delante, impulsándolos con toda el alma, energía y pasión. Así podremos sentir que estamos en el lugar donde queremos estar y, de no ser así, reconocerlo y salirnos.

Podremos aprender a neutralizar la entropía, romper las estadísticas de quebranto de empresas familiares y recomponer nuestro patrimonio para maximizar nuestras posibilidades de creación de riqueza.

Tenemos la posibilidad de resignificar nuestros paradigmas y clarificar y hacer realidad nuestras intenciones de impacto social. Es decir, podremos redefinir nuestros propósitos trascendentes y reescribir la historia fortaleciendo nuestro legado transgeneracional.

En síntesis, podemos convertirnos en un equipo de dueños más maduros que juntos construyamos un grupo familiar que perdure creando valor en armonía por muchas generaciones.

Sabemos que no es ni fácil ni agradable manejar la dura experiencia de separación entre socios de empresas familiares, pero los invitamos a mirar este proceso como un camino de reconversión donde ambas partes pueden beneficiarse y del que la empresa familiar salga fortalecida.

Las compañías de familia son capaces de crear más riqueza que cualquier otra, siempre y cuando sus miembros aprendan a unificar sus querencias con alta calidad de diálogo e integrar sus talentos con complementariedad y compatibilidad.

A veces los familiares no somos compatibles, no hay química ni afinidad de personalidades y valores. Pero esto no quiere decir que unos estén bien y otros mal, pero sí significa que es absurdo insistir en seguir juntos para destruir valor. La separación puede gestionarse en armonía, las oportunidades al hacerlo bien son inmensas.