Rifa del avión y la ruleta rusa del Covid

Alejandro Sicairos
13 septiembre 2020

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En Sinaloa, cancha libre a la gran estafa

 

En lo más íntimo de México, donde la esencia somos todos y no uno solo, anida temerosa la pregunta de qué motiva a Andrés Manuel López Obrador, al ser humano no al Presidente, para ofrecer cachitos de la rifa del avión presidencial a hospitales públicos en los que han fallecido más de 70 mil enfermos de coronavirus y mil 500 trabajadores de la salud. El político y la investidura dan pocos rasgos para desentrañarlo y cuantiosas señales para preocuparse por él y por el País sin piloto.
Entrega la dádiva como el café en los velorios, la carne de yegua en los penales o el mariguanol a los enfermos terminales, la última deferencia concedida a quienes quieren esperanza y reciben abatimiento. Aparte, hay que estar agradecidos porque el magnánimo de Palacio Nacional comparte los billetes de lotería y eso es mucho decir ya que jamás prodigó condiciones para evitar la muerte de ciudadanos ni de quienes trataron de salvarlos a través de la medicina pública también desahuciada.
¿Cómo develar en lo intrínseco al López Obrador que deja solos a los médicos que se juegan la vida en la todavía intensa lucha contra el coronavirus, que ninguna emoción más allá del minuto de silencio deja ver frente a doctores, enfermeras, dentistas, laboratoristas y personal de apoyo caído en el cumplimiento del deber? Aplausos, por favor, porque a los dejados a su suerte se les resarce con un pase a la fortuna, a 20 millones de pesos para que en el azar sanen los abandonos.
A Sinaloa llegaron el viernes 38 mil boletos de la rifa que un principio se proyectó como un modelo de cundina ciudadana para deshacerse del Boeing 787-8 Dreamliner que Enrique Peña Nieto compró con dinero de los mexicanos en 2016, misma aeronave en la que el voto ciudadano lo mandó a volar hacia el más alto pedestal de la ignominia y ahora pretende llevarlo a prisión. Al recibir los cachitos, las autoridades de Salud de Sinaloa celebraron más que si les hubieran traído la vacuna contra el virus SARS-CoV-2.
Con la pose aprobatoria de los funcionarios de Salud, desde el Secretario Efrén Encinas Torres, y el discurso del coordinador nacional de Abasto y Equipamiento del Instituto de Salud para el Bienestar, Alejandro Calderón Alipi, se completa la estampa del régimen federal de la indiferencia que ofrece el placebo de los cachitos que no pudo vender y el Gobierno estatal que los recibe plácido, riéndose a más no poder de los contagiados y muertos por el coronavirus.
Agradezcamos, sinaloenses, la concesión presidencial que tiene tres días de vigencia porque mañana será el sorteo y el miércoles despertaremos de nuevo en la tómbola de la pandemia, rifándonos la vida porque los 19 millones de pesos que cuestan los 38 mil cachitos se esfumarán en un día de suerte y 200 días de pandemia. Correspondamos sin mayores sospechas a tal chantaje que subasta los sentimientos de los pequeños que volvieron a clases sin tener a sus padres al lado, de las familias que quedaron a la deriva al derrumbarse el pilar de los hogares y de los abuelos que, por decreto, debían partir al más allá solamente por ser los más viejos.
Publíquese en el Diario Oficial de la Federación que seamos felices todos por la dichosa rifa del avión presidencial, aún en el vuelo suicida de la contingencia interminable, las familias enlutadas, los deudos de los trabajadores de la salud que murieron como héroes de verdad, las empresas difuntas y las esperanzas diezmadas. ¡Salud, Presidente, por distraernos un poco de la tragedia en que estamos sobre las nubes de la autocracia!
¿Alguien quiere decir algo? Por ejemplo reclamarle a la Cuarta Transformación la negligencia de dejar a los pacientes y médicos librando solitarios en la lucha cara a cara contra la muerte, y acordarse hoy de tales olvidos resarciéndolos con cachitos del avión presidencial. ¿Están contentos, Gobernador Quirino Ordaz Coppel y alcaldes de Culiacán y Mazatlán, Jesús Estrada Ferreiro y Luis Guillermo Benítez Torres? Echen a volar entonces la pirinola del avión sin el avión.
Nos han vuelto a ver la cara aunque el tema de la rifa del avión presidencial, concatenado con la emergencia de salud por la Covid-19, sí da elementos para desmenuzar aquellas palabras y gestos ausentes en un hombre de ceño duro, que en lugar de disfrutar el cargo que buscó en tres elecciones presidenciales consecutivas, ha anclado en el rencor, el discurso robado a cualquier merolico de esquina y algo que lleva cautivo en el alma, que nadie sabe qué es.
De entre todas las crisis que enfrenta México juntas, nace la emergencia nacional de comprender la personalidad, ideas y sentimientos del Presidente López Obrador, extrayéndolas de su espíritu acorazado. Y por si acaso la percepción social estuviese equivocada, ya sea los que lo idolatran a ciegas o los que estamos presintiendo la víspera del trueno, saber al menos en qué avión vamos y cuáles son los planes del piloto.

Reverso
Si la suerte no es tan mala,
A Sinaloa le va a tocar,
Del avión al menos un ala,
Para de su infierno escapar.

Las aguas precarias
A los que ni siquiera cachitos de la rifa de la aeronave de Peña Nieto les trajeron son a los pescadores que hoy salieron de manera escalonada a la captura del camarón, huérfanos de apoyos gubernamentales cuando la desesperación los arroja a la aventura de la sobrevivencia, sin las adecuadas redes de protección. Al retirarles el subsidio a los combustibles que utilizan en su actividad los lanzan sin salvavidas a las bahías, lagunas y esteros donde el esfuerzo pesquero es mucho más grande que la capacidad del mar para abastecerlos del crustáceo. No está por demás advertirle a la 4T que mentir y comer pescado requiere de mucho cuidado.
alexsicairos@hotmail.com