Salvar a Sheinbaum, perder a Sinaloa
Aplausos en medio de la narcoguerra

Alejandro Sicairos
21 septiembre 2026

Algo preocupante sucede en Sinaloa cuando confluyen, como sucedió ayer, una Presidenta que busca respaldo ciudadano para defender la soberanía y fortalecerse en la lucha contra el crimen organizado, y una sociedad que en dos años paga el saldo doloroso de cinco homicidios dolosos y seis personas privadas ilegalmente de la libertad, promedio diario, por la guerra entre grupos del narcotráfico que repercute en lo social, económico y político devastándolo todo a su paso. El Gobierno que reconstruye la fe en las instituciones, y los sinaloenses con la confianza y esperanza en caída libre.

La estadía en Culiacán de Claudia Sheinbaum Pardo cuyo motivo es rendir en cada estado el Segundo Informe de labores que presentó a nivel nacional el 1 de septiembre, es señal inequívoca de que el régimen de la Cuarta Transformación necesita de la reiteración de logros para obtener la credibilidad de los gobernados. La retahíla de la concentración en las instalaciones de la Feria Ganadera no deja lugar a dudas de que a un pueblo abrumado por todos los modos de crisis se le tatúa la redundancia del discurso del “todo bien”, “Sinaloa no está solo”.

Y apenas así, con helicópteros militares sobrevolando, soldados con tres anillos de seguridad en el perímetro y francotiradores escudriñando a los asistentes, Sheinbaum logró machacar el discurso cotidiano contra la injerencia extranjera que “no resuelve los problemas; provoca violencia. No queremos injerencia de ningún gobierno extranjero en nuestro territorio” y en el contexto local expuso que “Sinaloa lo deciden las y los sinaloenses. El presente y el futuro de Sinaloa es de los sinaloenses, es del pueblo de México. La injerencia genera violencia; la cooperación para el desarrollo genera paz”.

En cuestión de seguridad pública refrendó la militarización en la cual “las fuerzas federales van a permanecer aquí todo el tiempo que sea necesario, no vamos a retirar un solo elemento” y a la Gobernadora Graciela Domínguez le dijo que “tiene todo el apoyo del Gobierno de la República”, dándole el mismo espaldarazo que en su momento la Presidenta le otorgó a Rubén Rocha y Yeraldine Bonilla.

Recalcó los alcances de los programas sociales en el ámbito estatal y acentuó los beneficios a más de un millón de persona y las obras públicas incesantemente presumidas. Anunció la visita a Sinaloa de los secretarios del Gabinete para garantizar el dinero de apoyo a los agricultores, ampliar un mes el subsidio al consumo de electricidad, cerrar fronteras al camarón que entra de otras partes del mundo, dar educación a los jóvenes con 20 nuevas preparatorias para que éstos no se acerquen a grupos delictivos, construir 10 centros deportivos de México Imparable, y vendrá Hacienda a asignarle a la entidad presupuesto extraordinario.

En fin, frente a la muchedumbre que en su mayoría no acudió por voluntad propia, desprovista no sólo del descanso y convivencia familiar del domingo sino también del libre albedrío, Sheinbaum prosiguió con el soliloquio pese a la violencia fuera del control de las autoridades, intenso calor a soportar en pleno mediodía, y como agravante el monólogo presidencial que vuelve a repetir lo infinitamente expresado e incumplido. Qué importa el sufrimiento colectivo si los políticos en el poder están ocupados en garantizarle a la Mandataria federal la correspondiente cuota de adhesión.

Mientras, los que por accidente gobiernan en interinatos o regresos posteriores a frustradas aspiraciones electorales no proceden a poseer la voz completa al exigirle al Gobierno federal que saque a Sinaloa de este infierno interminable. Abrazos, loas, aplausos y sumisión es el único lenguaje que se les permite no obstante que dejan de pronunciar las palabras que la gente les exige parlar: seguridad, justicia, civilidad y legitimidad para que nunca más seamos tierra de nadie.

¿Quién que viva la cotidianidad atroz de Sinaloa, la de infancias cortadas de tajo por las balas de los sicarios, los feminicidios que la encienden otra alarma a la de por sí sobresaltada tierra de los once ríos, los asesinatos que suceden en cuadrantes militarizados, los patrimonios construidos con esfuerzos y despojados por la delincuencia con tal facilidad, iría por su propio pie a sufrir primero el caos vial y la desorganización de las dos horas previas al evento cuando la ciudad colapso en la zona sur?

¿A quién tranquiliza la gobernabilidad sostenida por servidores públicos que permanentemente sienten la víspera de la remoción porque no provienen del veredicto democrático sino del juego quita-pon según se le ocurra a Palacio Nacional? La inestabilidad propia de instituciones cuyos mandos se juegan en la ruleta rusa del “¡fuera zutano”, “¡fuera mengano!” con la cual los políticos y partidos disputan las canchas de poder. El desmantelamiento del Gabinete estatal porque los funcionarios se hallan distraídos en sacar raja del “año de Hidalgo” o dar el salto al siguiente sexenio.

Aquí en Sinaloa, la gente,

No tiene el ánimo sumiso,

Y es difícil que la aliente,

Presidenta con su paraíso.

En Culiacán, la Presidenta Claudia Sheinbaum corroboró que en Sinaloa ningún ciudadano de bien se siente seguro ni siquiera movilizándose entre enormes despliegues militares como los que la protegieron a ella durante algunas horas. Debió entender que los 19 mil efectivos del Ejército, Marina, Guardia Nacional y policías locales y federales desplegados en el territorio estatal no bastan para proteger a 3 millones de habitantes cuando miles de elementos fueron destinados sólo a garantizar la seguridad de la Mandataria federal al pisar el suelo caliente de la capital sinaloense. Estampa de una colectividad bajo guerra, la presencia castrense fue tanta que hasta complicó la logística del acarreo al mitin de la Feria Ganadera.