Sano escepticismo

Rodolfo Díaz Fonseca
28 octubre 2016

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El término escéptico se aplica al individuo que no cree en nada; sin embargo, según su etimología sería la persona que duda o investiga, puesto que deriva de “skeptikoi” (examinar, mirar con detenimiento), de donde viene también la voz “skopeo” (mirar u observar). De ahí se formaron las palabras espejo, especular, espectáculo, microscopio, telescopio.

Los escépticos consideran que no existe una verdad objetiva única, puesto que sólo pueden estar seguros de su verdad subjetiva. Defienden la suspensión de juicio y no entran en conflicto con nadie, ya que cada quien propugna solamente su verdad.

El dudar de que algo pueda ser posible previene la frustración ante esperanzas y expectativas no cumplidas.

Empero, un escepticismo llevado al extremo conduce a la parálisis o inacción. Si de nada se puede estar seguro, más vale no tomar ninguna decisión. 

Algunos pensadores impulsaron un escepticismo moderado, como Descartes, quien postuló la duda como método hasta llegar a una certeza indubitable: “Pienso, luego existo”.

El aspecto positivo del escepticismo consiste en que previene contra la ingenuidad, ciega credulidad, fantasía e ilusión. “Es tan arriesgado creerlo todo, como no creer nada”, afirmó Denis Diderot. A su vez, Ortega y Gasset recomendó: “Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas”.

En la última entrevista que concedió Carl Sagan, el 27 de mayo de 1996, expresó: “Si nosotros no somos capaces de hacer preguntas escépticas para interrogar a quienes nos dicen que algo es verdad, para ser escépticos de quienes ejercen la autoridad, entonces estamos a merced del próximo charlatán político o religioso que aparezca... La gente debería ser educada y poner en práctica su escepticismo y su educación, de lo contrario no manejaríamos al Gobierno, sino que el Gobierno nos manejaría a nosotros”, enfatizó.

¿Practico un sano escepticismo?

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@rodolfodiazf