Schazarino y la narcoguerra en Sinaloa
Un General asignado a causas difíciles

Alejandro Sicairos
16 marzo 2026

Considerado por el alto mando del Ejército Mexicano como uno de los generales más capaces para contener los diferentes tipos de violencia de alto impacto perpetrada por el crimen organizado, Óscar Rentería Schazarino es relevado en Sinaloa cuando el Gobierno de Claudia Sheinbaum considera que ha concluido la fase más complicada de la narcoguerra. Tanto la Presidenta como su Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, le reconocen la misión cumplida.

Seguramente al General de brigada del Estado Mayor, a quien la Secretaría de la Defensa Nacional considera un activo eficaz para atender casos difíciles, le será asignada la pacificación de otra zona del País, aunque se habla de la posibilidad de un cargo en el Gabinete federal que le permita enfriarse después de sofocar el fuego criminal en dos estados calientes de manera consecutiva, como lo son Michoacán y Sinaloa.

Schazarino, así lo llamó la gente aquí, rompió con el esquema lúdico de militares que al ser asignados a mandos de seguridad pública en los estados lo asumieron como años sabáticos y vinieron a darse vida de sibaritas en recompensa por los servicios prestados a la Patria. En realidad convirtió el anterior hueco y vulnerable edificio sede de la SSyPC estatal en auténtico cuartel de guerra, desde el cual dirigió a la fuerzas armadas y corporaciones policiacas.

Poco dado a muestrearse en los operativos con la indumentaria de combatiente tipo Rambo, optó por habilitar el búnker de la Secretaría como centro de operaciones y desde allí coordinar la estrategia contra el enfrentamiento entre las dos células antes aglutinadas del Cártel de Sinaloa. Pocos saben, porque es de nivel top secret, de la tecnología y fuerzas élite que incorporó a donde antes sólo había improvisación y descoordinación.

Sin quitarse las botas de soldado logró dotar a la Policía Estatal Preventiva de capacidad táctica y sobre todo quitó la desconfianza hacia la corporación que le impedía participar en estrategias militares anticrimen. Las policías estatal y municipales eran consideradas como delatoras de acciones contra el CDS al estar infiltradas por el narco, estigma que el Ejército y Marina todavía mantienen en lo que corresponde a las DSPyTM.

Otro de los aciertos de Rentería Schazarino consiste en establecer la Vocería en temas de seguridad pública, principalmente en la información concerniente a la narcoguerra. Ello le quitó presión al Gobernador Rubén Rocha Moya en cuanto a tener que dar la cara ante los medios por una estrategia de competencia federal. Así el Mandatario estatal logró concentrarse más en la tarea de poner a salvo la estabilidad y gobernabilidad durante los meses difíciles de violencia exacerbada.

Es decir, después de corresponderle encabezar la contraofensiva gubernamental durante los 15 meses más álgidos del choque entre los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera y los de Ismael “El Mayo” Zambada García, al General Rentería cada quién lo evaluará según le haya ido en la feria. Para la prensa fue un funcionario hermético al viejo estilo militar; a Sheinbaum y Harfuch les significó el eficaz estratega que les presentaba informes cada semana, y para Rocha Moya un gran integrante del equipo de colaboradores que dio resultados en situaciones de atrocidad y terror.

La sociedad sinaloense de seguro esperará a corroborar si la pacificación de Sinaloa se consolida o no y hasta entonces lo calificará, colocando sobre la balanza de la percepción ciudadana el hecho de que persisten hechos de violencia con características de terrorismo como los artefactos explosivos que el 13 de marzo privaron de la vida a una persona y le causaron heridas a otras en la zona de Arroyo Grande perteneciente a la sindicatura de Sanalona. Y que de igual manera hay detenciones, trabajo de Inteligencia y presencia militar y policial que equilibran los factores a colocarse en la báscula.

El juicio social tiene que ver con el sentimiento de ciudadanía herida y el dolor que le tatúan al presente los 2 mil 965 homicidios dolosos, 3 mil 500 personas privadas de la libertad, los desplazados de sus pueblos por miedo a la delincuencia, así como los daños patrimoniales a 10 mil 126 sinaloenses despojados violentamente de sus vehículos, empresas que cerraron y dejaron sin empleo a centenas de jefes de familias. En el bando de la seguridad pública contabilícense las 3 mil 363 personas detenidas y las 170 abatidas.

Sin quitarle ni agregarle,

ni verlo todo bueno o mal,

sí podemos agradecerle,

por sus servicios al General.

Hoy sería oficializado por el Gobernador Rubén Rocha Moya el nombre de quien las secretarías de la Defensa Nacional y de Seguridad y Protección Ciudadana envían a continuar la labor que realizó Rentería Schazarino y por allí anda circulando la hoja de servicios del General Sinuhé Téllez López para tomar la estafeta con la misión de concluir la encomienda de reinstalar la Ley y el orden en Sinaloa. Se trata del militar que actualmente se desempeña como comandante del 110 Batallón de Infantería con sede en San Ignacio, con una carrera en el Ejército de más de tres décadas en el área de operaciones contra el narcotráfico del Estado Mayor de Sedena, comandante de la Policía Ministerial Militar, instructor de la Escuela Superior de Guerra y agregado militar en la Embajada de México en Alemania.