Scherer, ¿el libro que no hay que leer?
“Ni venganza ni perdón”, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, no es un texto definitivo, contundente o demoledor, pero sí un libro revelador por quien comparte sus memorias.
No se trata de una especulación sino del recuento que hace alguien que vivió muy de cerca el ejercicio del poder en buena parte del sexenio pasado.
Más allá de las motivaciones, las omisiones o las imprecisiones que contiene el libro, es relevante, insisto, porque muchas de las aseveraciones del texto no hacen sino confirmar sospechas o consolidar hipótesis que se tenían desde fuera.
Destaco dos:
Primero. El pragmatismo desmedido que consagró que el fin justifica a los medios y que la lealtad está por encima de la capacidad.
Las consecuencias de ese estilo de gobierno las seguimos padeciendo: el desprecio por las evidencias técnicas, el atropello a las formas y a las reglas mínimas de convivencia política han degradado sistemáticamente a la política y al ejercicio de gobierno.
Observar el nuevo pragmatismo mexicano ha sido muy costoso. Improvisación, incompetencia, opacidad y corrupción han sido secuencias inevitables de ese nuevo estilo de gobernar que, acaso de manera involuntaria, queda fielmente reflejado en el libro.
El segundo tema por destacar, y acaso el más importante, es la confirmación de la convivencia de la delincuencia organizada con la manera de hacer política de Morena.
La dependencia del movimiento con el dinero es ostensible desde hace tiempo, ya no puede hacer una concentración sin acarreo, pase de lista, apoyo económico y una costosa logística; la cercanía de muchos de sus abanderados con diversos grupos de crimen organizado es cada vez más cotidiana, y el impresionante boquete a las finanzas públicas del huachicol fiscal sigue siendo una asignatura pendiente para el grupo gobernante.
Ninguno de esos temas es novedoso o sorprendente, reitero, pero lo relevante es quién lo confirma.
Sus detractores lo han calificado de traidor, no de mentiroso.
Pero si ello ya hace interesante la lectura del libro, la reacción de la Presidenta es ciertamente perturbadora.
Afirmar que no lo ha leído es normal, pero sostener que no lo va a leer por ser consecuente con el movimiento de transformación que representa, es sin duda un exceso preocupante, pues aunque la Presidenta admite que la autocrítica y la crítica son importantes, pareciera que son impracticables, según ella, si se observa la congruencia con la transformación.
Difícil de entender.
El libro puede tener imprecisiones, pero las reacciones que ha generado terminan por acreditar una podredumbre en el ejercicio de gobierno que es cada día más difícil de ocultar.
–
El autor es consultor internacional en materia electoral.