Se agudiza la guerra narca
Inevitablemente, cada hecho de violencia criminal sinaloense se convierte en noticia nacional y, no pocas veces, con repercusiones internacionales, tal y como ha sucedido con el atentado a Sergio Torres y Elizabeth Montoya, y con el secuestro de 10 trabajadores de una mina concordense. Esto es así porque la guerra narca entre los dos bandos principales de lo que fuera el Cártel de Sinaloa es el escenario de fondo de la crisis de seguridad del estado que reverbera en todo el País.
El atentado a un político relevante en el estado en medio de la violencia criminal hace que de inmediato salten muchas preguntas y especulaciones, pero hay que tener mucha cautela en su interpretación, lo cual ha sucedido con los principales medios locales pero no con algunos nacionales. Sorprende, por ejemplo, que una periodista tan experimentada y reconocida por su profesionalismo, como Carmen Aristegui, sugiera que la agresión a Sergio Torres haya surgido desde las filas oficiales después de que el Diputado criticó puntualmente la política financiera del Gobierno del Estado. Y, en efecto, el Legislador de MC hizo un repaso minucioso del gasto gubernamental, de deudas de gobiernos anteriores y de solicitud de préstamos, solicitando una explicación de esos manejos poco antes de que atentaran contra él, pero recurrir a un encabezado periodístico en un noticiero insinuando que eso podría haber provocado una respuesta represiva del Gobierno es un exceso irresponsable. Y, para colmo, se recurre a la opinión nada acreditada de Francisco Labastida para comentar el hecho con argumentos insustanciales y poco conocedores de la realidad actual de Sinaloa.
Por ejemplo, dice Labastida, para poder enfrentar con eficacia al crimen organizado es necesario “limpiar” a las policías municipales y estatal de Sinaloa, tal y como, dice él, lo hizo cuando fue Gobernador. Y es cierto, el que también fuera candidato presidencial del PRI reemplazó a muchos miembros de las policías de Sinaloa, pero eso no redujo en lo más mínimo el poder del Cártel de Sinaloa. Labastida no puede presumir que haya disminuido, ni en lo más mínimo, la presencia del narco sinaloense.
En fin, lo cierto es que la guerra narca y los hechos violentos no amainan y, por el contrario, parece agudizarse, contribuyendo con ello a la diaria inestabilidad nacional que, para colmo se inscribe una crisis internacional en la que México es una pieza importante debido a la estrecha relación con Estados Unidos.
Todo hecho de violencia criminal en Sinaloa es observado y registrado por las agencias de inteligencia y seguridad de Estados Unidos porque nuestro estado es clave en el combate de ese país al tráfico de estupefacientes y, por lo mismo, también seguramente vigilan como nunca el proceso electoral que se acelera cada vez más. Presionarán hasta lo imposible porque nadie que insinué o tenga una relación con el crimen organizado aparezca en las listas de candidatos, sobre todo a Gobernador. Esto nos indica que no tan sólo Claudia Sheinbaum, López Obrador y Rubén Rocha Moya serán los factores de poder para decir el candidato o candidata de Morena a la Gubernatura. De los demás partidos no hablemos porque, por lo menos hasta la fecha, aun con la crisis de inseguridad sinaloense, no tienen la suficiente fuerza, ni juntos, para presentarse el próximo año como alternativa al Tercer Piso.
Este es otro de los aspectos sorprendentes del escenario político mexicano, en general, y sinaloense, en particular: a pesar del bajo crecimiento económico, los constantes casos de corrupción morenistas y la crisis de inseguridad, los partidos de Oposición no ofrecen, prácticamente en ninguna entidad, un serio desafío a la 4T. Una de las razones, quizá la principal, es que no tienen programas de gobierno diferentes a los que ya ejercieron en el pasado. Y como no tienen ideas que atraigan a las clases mayoritarias tampoco tienen una sólida narrativa política que los acompañe, más allá de la denuncia de los abusos de autoridad, de crítica a la corrupción y a la inseguridad.
Donde sí emana una crítica mucho más poderosa y sistemática a Claudia Sheinabum y a la 4T, incluyendo al Peje, es por parte de columnistas, comunicadores en medio electrónicos e intelectuales, pero sus alcances son muy limitados en una era en la que los medios tradicionales de comunicación tienen cada vez menos influencia. Las nuevas generaciones escasamente leen o escuchan las opiniones políticas que se expresan en periódicos, televisión y radio. En este contexto las redes sociales tienen un alcance muy superior, incluyendo las que manejan las organizaciones del crimen organizado. Lo más grave es que, en las redes sociales, la verdad se manipula con mucho mayor facilidad. Y ahora más con el uso de la inteligencia artificial.
Aun dicho lo anterior, los escenarios internacional y nacional son tan accidentados, complicados y volátiles, sobre todo con el hombre naranja en la Casa Blanca, que un pronóstico actual puede desmoronarse mañana o pasado mañana. Una incursión quirúrgica de los marines en Sinaloa o en Michoacán puede modificar todo el tablero mexicano, máxime si cazasen un político de alto rango. O, también, un resultado electoral adverso al Partido Republicano en noviembre podría modificar las acciones y declaraciones de Trump en relación a México y el narcotráfico. En fin, en una etapa de redefinición del mapa político mundial y con Trump en la Casa Blanca todo es posible.