Se buscan líderes

Rafael Morgan
23 mayo 2026

Es común, en las reuniones de los grupos sociopolíticos y aún en las de económicos, que, al discutirse sobre los problemas locales y nacionales, se haga la pregunta toral sobre ¿qué líder se tiene o se pudiera tener, que quiera y sepa enfrentar el cúmulo de riesgos a los que se enfrenta el País o el Estado? La conclusión más pesimista es la de que no se tiene un líder reconocido que encabece un movimiento político y social que pudiera lograr el cambio que se necesita; pero otras opiniones sostienen que sí los hay, principalmente en el ámbito empresarial, aunque los nombres que se mencionan no convencen a la mayoría, y al analizar los liderazgos políticos de los partidos, tampoco aparece alguno con suficiente aceptación.

Como el conjunto de problemas nacionales sólo se han estado difiriendo por la Presidenta Sheinbaum, habría que enfocarse en la búsqueda de liderazgos estatales, dispuestos a enfrentar, por lo menos localmente, la inseguridad, la falta de empleos, el desorden en los servicios públicos, el deterioro del clima, una educación en constante retroceso, los problemas de salud, etc., razones que llevan a considerar no la búsqueda de un líder, sino la búsqueda de varios líderes, de una pléyade de líderes, regulares, buenos y mejores, que tendrán que ser muy valientes para enfrentar no sólo a un gobierno amenazante dispuesto a conservar el poder a toda costa, sino también a enfrentar a los cárteles y grupos delincuenciales que, gracias a la política de “abrazos no balazos”, crecieron y se apoderaron de territorios, pueblos, economía y control con las armas y el dinero del narcotráfico.

Se requieren varios líderes, ya sea para encabezar a los partidos políticos, o para que acepten ser candidatos a Gobernador, presidentes municipales, diputados locales y diputados federales, que sean o no políticos, empresarios o dirigentes sociales; profesionistas, comerciantes, artistas y deportistas; jóvenes, de mediana edad, adultos mayores y hasta de más edad; no necesariamente ricos, pero sí que convenzan a quienes tienen con qué, pero no quieren correr riesgos; ¿es tiempo de alguien muy combativo o muy conciliador?, más bien a alguien que sepa qué batallas enfrentar y cuáles evadir.

Como dicen Michel Porter, en sus libros sobre Ventajas y Estrategia Competitiva, y Al Rics y Jack Trout, en La Guerra de la Mercadotecnia, hay cuatro formas de pelear una guerra de mercadotecnia (o una campaña electoral) y son: La defensiva, la ofensiva, el flanqueo y la guerra de guerrillas; sostienen que realmente sólo el líder tiene la opción de jugar a la defensiva y lo que los demás deben hacer es no permitirle que pase a la ofensiva; en este caso, Morena estará a la defensiva en la mayoría de los estados y moverá todos sus recursos legales, extralegales y también los ilegales.

En una guerra a la ofensiva se requiere concentrarse en un solo punto, buscando las debilidades del enemigo, olvidarse de atacar en todo el frente y menos en donde el líder es más fuerte, por ejemplo, olvidarse de atacar sobre el reparto de recursos a la población.

El flanqueo es otra táctica, buscando elementos de novedad y exclusividad, ser sorpresivos, reforzando ahí donde se empieza a tener éxito y abandonando donde hay resistencia.

En la “guerra de guerrillas” (táctica que por cierto los delincuentes han estado jugando contra el Ejército Mexicano), como decía Mao Tse Tung: “si el enemigo avanza, nosotros retrocedemos; si el enemigo acampa, nosotros merodeamos; si el enemigo se cansa, nosotros atacamos y si el enemigo retrocede, nosotros perseguimos”; en una guerrilla no hay que actuar nunca como el líder y retirarse apresuradamente si se requiere. Según los autores, “de cada 100 compañías, una debe jugar a la defensiva, dos a la ofensiva, tres deben flanquear y 94 deben ser guerrilleras”.

Se requieren líderes que atiendan a estas circunstancias, que sigan una estrategia, que ayuden a eliminar inseguridades, miedos y confusiones, que den buen ejemplo a sus seguidores, porque “el reto de los líderes de este siglo es poder guiar, dirigir e interactuar con gente más preparada, más informada y más exigente” y su éxito en una campaña o en el gobierno “será proporcional a su capacidad de administrar los talentos de su equipo”.

Se buscan líderes que impulsen a más líderes, no sólo seguidores; líderes que mañana tomen la batuta y continúen la tarea.

En resumen, se buscan “líderes de la luz que contrarresten a los líderes de la oscuridad, de la indiferencia, la anarquía y la ilegalidad”, porque hay que estar seguros que los buenos son más que los malos.