Se nos va la visa

Isaac Aranguré
18 agosto 2026

En México hemos comenzado a desarrollar una costumbre peligrosa, celebrar las decisiones de un gobierno extranjero cuando perjudican al adversario político.

Durante los últimos meses, la revocación de visas estadounidenses a políticos, funcionarios y personajes mexicanos se ha convertido en parte de nuestra conversación pública. La noticia aparece, las redes sociales hacen lo suyo y rápidamente ocurre una transformación curiosa, una decisión administrativa del Gobierno de Estados Unidos se convierte, para muchos mexicanos, en una especie de sentencia.

Le quitaron la visa, por algo será y el problema es que una visa no es una sentencia judicial. Para discutir esto seriamente habría que comenzar reconociendo tres cosas que pueden ser ciertas al mismo tiempo.

La primera es incómoda pero evidente: México tiene un problema gravísimo de corrupción, impunidad y penetración del crimen organizado en sus instituciones.

Negarlo sería absurdo y particularmente quienes vivimos en estados atravesados durante décadas por el narcotráfico sabemos que la relación entre poder político, poder económico y organizaciones criminales no pertenece exclusivamente a las series de televisión. Investigar esas relaciones no solamente es legítimo, es indispensable. Si existen funcionarios públicos vinculados con organizaciones criminales, deben ser investigados; si existen empresarios que lavan dinero, deben ser investigados; si existen gobernadores, alcaldes, policías o militares que colaboran con organizaciones criminales, deben enfrentar a la justicia, sin importar su partido.

La segunda cosa que debemos reconocer es igualmente sencilla: Estados Unidos tiene derecho a decidir quién entra a su territorio.

Una visa estadounidense no es un derecho de los mexicanos, es una autorización otorgada por otro Estado y, dentro de su legislación, Estados Unidos puede concederla o retirarla. Además, cuando existen delitos que afectan su territorio, tráfico de drogas, lavado de dinero, tráfico de armas o delincuencia transnacional, tiene no solamente derecho sino razones legítimas para investigar.

México y Estados Unidos comparten una frontera, una economía profundamente integrada y problemas de seguridad que inevitablemente requieren cooperación. Hasta ahí, no debería existir demasiada controversia, el problema comienza con la tercera afirmación: México no puede permitir que las decisiones administrativas de otro país sustituyan a nuestras instituciones de justicia.

Porque algo extraño está ocurriendo, la visa estadounidense está adquiriendo dentro de México un significado que nunca debería tener, el de certificado de honorabilidad, si Estados Unidos te concede una visa, eres confiable, si te la retira, eres sospechoso, si además alguien filtra que existen investigaciones en tu contra, la conversación pública completa el expediente, culpable.

Sin juicio, sin evidencia pública, sin derecho a defenderte y resulta particularmente preocupante observar a una parte de la Oposición mexicana celebrar este fenómeno.

Puedo entender la tentación, cuando las instituciones mexicanas parecen incapaces de investigar al poder; cuando las fiscalías pierden credibilidad; cuando existen sospechas razonables de complicidades y protección política, resulta reconfortante imaginar que alguien desde afuera finalmente hará lo que nosotros no hemos podido hacer, pero precisamente ahí está la trampa. Celebrar hoy una herramienta de poder extranjero porque perjudica a nuestro adversario significa aceptar su legitimidad para cuando sea utilizada contra nosotros.

La soberanía no consiste en defender a Morena, tampoco consiste en defender a un Gobernador, empresario o funcionario acusado de corrupción, la soberanía consiste, entre otras cosas, en defender el principio de que los mexicanos debemos resolver nuestros conflictos políticos y judiciales mediante nuestras propias instituciones, incluso cuando gobierna alguien que no nos gusta.

Estados Unidos puede negar visas, puede investigar delitos dentro de su jurisdicción, puede presentar cargos, solicitar extradiciones y compartir información con las autoridades mexicanas, lo que no deberíamos hacer nosotros es convertir cada decisión del Departamento de Estado en una sentencia de la Suprema Corte.

Si el Gobierno estadounidense posee evidencia de que un funcionario mexicano trabaja para una organización criminal, lo deseable es que esa información llegue a las autoridades correspondientes, se investigue y, cuando existan elementos suficientes, se procese.

Porque también debemos evitar el extremo contrario, invocar la soberanía para proteger delincuentes sería igualmente irresponsable, la no intervención jamás puede convertirse en sinónimo de impunidad, ninguna bandera mexicana debería servir para esconder corrupción pero existe una enorme distancia entre cooperar con otro país y entregarle autoridad moral sobre nuestra democracia y quizá lo verdaderamente preocupante no sea que Estados Unidos utilice las visas como herramienta de poder, lo preocupante es que nosotros hayamos comenzado a concederles un significado que va mucho más allá de su naturaleza, porque entonces el problema deja de estar en Washington, y está aquí, está en nuestra incapacidad para confiar en nuestras fiscalías, nuestros tribunales y nuestros mecanismos de rendición de cuentas, está en una Oposición que, desesperada por encontrar contrapesos al poder, corre el riesgo de confundir contrapeso con intervención y está también en un oficialismo que puede sentirse tentado a utilizar la soberanía como escudo cuando las acusaciones le resultan incómodas.

Ninguna de las dos posiciones resuelve el problema de fondo, México necesita cooperación internacional, pero también necesita instituciones capaces de investigar a los poderosos, necesita combatir al crimen organizado, pero hacerlo respetando el debido proceso, necesita aliados, pero no tutores, porque la pregunta verdaderamente importante no es a quién le quitó Estados Unidos la visa esta semana, la pregunta es mucho más incómoda, ¿en qué momento dejamos de exigir que nuestras instituciones funcionaran y comenzamos a celebrar que otro país hiciera el trabajo por nosotros?

Gracias por leer hasta aquí, nos leemos pronto.

Es cuánto.