Sesenta segundos de ventaja

Salvador Guerrero Chiprés
07 marzo 2026

Ese sonido estridente filtrado en el ADN colectivo es la materialización de un contrato social con décadas de asimilación. La alerta sísmica representa la oportunidad de anticipación sobre la tragedia, una muralla de algoritmos para la supervivencia.

¿Qué habría pasado si en septiembre de 1985 México hubiera contado con el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, una robusta red de sensores en la costa del Pacífico y una cultura de la prevención centrada en los simulacros? La historia con certeza se escribiría con menos ausencias.

Entonces, el Estado mexicano era un gigante ciego que se enteró del desastre cuando ya tenía el polvo encima, con escasa o nula capacidad de reacción evidenciada por la intervención de sociedad civil en labores de rescate de vivos y de cuerpos.

La gestión de riesgos, como sugiere el sociólogo Ulrich Beck en su teoría de la “Sociedad del Riesgo”, no consiste en eliminar el peligro, sino en domesticarlo mediante conocimiento. En 1985, el riesgo era una fuerza mística; ahora es una variable calculada en milisegundos.

Si la alerta del CIRES hubiera sonado en los radios de transistores aquel jueves antes de las 07:17, el margen de evacuación habría permitido que miles de personas abandonaran los edificios de la colonia Roma o el Centro Histórico.

La evolución de la cultura sísmica ha transitado de una sociedad a la expectativa de instrucciones por televisión a una exigente de protocolos automatizados. Este cambio refleja la capacidad para convertir la tragedia en resiliencia. El SASMEX es ahora un engranaje donde no interviene el capricho humano.

Cuando el C5 dispara la señal por más de 28 mil altavoces no hay un burócrata decidiendo si la magnitud amerita el susto; hay un sistema automatizado que lee la energía liberada y decide en una fracción de segundo. La alerta se activa cuando 1) el sismo será igual o mayor a 5 y el epicentro está a menos de 200 kilómetros, 2) es igual o mayor a 5.5 con epicentro a menos de 350 kilómetros, y 3) si es igual o mayor a 6 sin importar la distancia.

México, junto con Japón, lidera una vanguardia global en esta materia. El sistema nipón, implementado tras el terremoto de Kobe en 1995 operado por la Agencia Meteorológica, emite alertas a través de celulares, radio, televisión y altavoces públicos.

Sin embargo, de poco sirve el algoritmo perfecto si el ciudadano no sabe qué hacer con ese tiempo extra. Los simulacros dejan de ser una molestia administrativa para convertirse en un ejercicio de supervivencia. Si un sismo es un evento geológico, el desastre es la falta de preparación de la sociedad. Por ello, la convocatoria de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, para el próximo simulacro metropolitano del 18 de febrero representa el reconocimiento de la defensa ante la vulnerabilidad.

Cuando la alerta suena, además de la evacuación de edificios, se está honrando la memoria de quienes en 1985 no tuvieron sesenta segundos de ventaja.

El autor es coordinador general del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (@C5_CDMX).