Sí a la paz
Esperemos que el alto al fuego entre Irán y Estados Unidos sea permanente, que la paz regrese a esa parte del mundo. Como lo hemos enfatizado, siempre somos amantes de la paz y nunca de la guerra; por ello, celebramos el alto al fuego entre estos dos países, inmersos en un conflicto bélico que puso al mundo al borde de una conflagración global, de consecuencias catastróficas para la humanidad. Decimos categóricamente: Nunca a la guerra y sí a la paz duradera en el mundo.
La tregua, pactada por Estados Unidos e Irán, hace abrigar la esperanza de un cese al fuego en la conflictiva y golpeada región del Medio Oriente. Irán, con todo derecho, exige, entre sus condiciones para abrir el estratégico estrecho de Ormuz (por donde pasa un tercio de la producción mundial de petróleo), el compromiso explícito de los norteamericanos de “nunca más volver a agredir a Irán”. Las conversaciones van por buen camino, a pesar de los intentos del gobierno sionista de Israel de romper la tregua, bombardeando el Líbano.
Por lo contrario, la humanidad celebra el alto al fuego entre Estados Unidos e Irán, y hacemos votos porque éste sea permanente y nunca más sea la guerra la brutal manera de dirimir las diferencias entre gobiernos. Los pueblos del Medio Oriente tienen derecho a vivir en paz, al igual que toda la humanidad. Si hay algo que une a los pueblos del mundo es su anhelo por la paz, pues está comprobado que la guerra trae destrucción y muerte sin fin. En cambio, en la paz progresan los pueblos y florecen las culturas. Allí está la clave para asegurar el progreso permanente de los países.
En eso hay conciencia plena entre los pueblos, más en estos tiempos modernos donde la técnica de la guerra ha escalado a niveles nunca antes conocidos, donde las muertes se cuentan por cientos o por miles, debido al grado de sofisticación del armamento. No hay que olvidar que vivimos, desde el fin de la II Guerra Mundial, en la era del armamento nuclear, capaz de borrar, en caso de una conflagración mundial, todo rastro de civilización humana, Por eso, al par de luchar por la paz en el mundo, debemos, como hizo nuestro compatriota, Alfonso García Robles, arquitecto del Tratado de Tlatelolco y Premio Nóbel de la Paz, plantear el desarme nuclear, la no proliferación de armas de destrucción masiva y a favor del uso exclusivo de la energía atómica con fines pacíficos.
La humanidad entera se plantea, como principio universal, alcanzar la paz, y hacia allá camina con paso firme. Con este fin se creó la Organización de las Naciones Unidas, que debe retomar su papel protagónico y sumarse al anhelo de los pueblos de conquistar la paz, y que nunca la guerra perturbe las relaciones entre las naciones. Ese es el camino que marca la humanidad para preservar el progreso y armonía entre las naciones del orbe.
En este país, los ciudadanos están muy informados y no se van fácilmente con la finta de los partidos de derecha, que han perdido las prebendas que, por años, tuvieron a costa del erario nacional. Incluso, no podemos dejar de comentar que más de un partido político de vieja data se van a ver muy cuesta arriba para conservar su registro. Simplemente le va a ser muy difícil al partido más longevo de este país conservar su registro, lo vamos a ver en la elección federal del próximo 2027, esa elección va a ser histórica.
Los ciudadanos tienen una comprensión fuera de lo común de los asuntos de índole social, nos dan cátedra, con palabras aparentemente sencillas, pero que encierran un profundo sentido social, digna de tomarse en cuenta.