¿Sinaloa entró a fase de posguerra?
Nadie lo dice; las treguas nos rigen
Con dos días consecutivos sin registro de homicidios dolosos, y la toma de confianza en la ciudadanía para acudir a playas y balnearios, ¿en qué etapa es posible colocar el largo conflicto interno en el Cártel de Sinaloa y el estado de ánimo generalizado después de 81 semanas de seguridad pública en crisis? ¿Estamos en la fase de agotamiento de las fuerzas del crimen en choque o ya entramos al período de posguerra con la inminente labor social por la recuperación?
¿Qué o quién cantará el cese de hostilidades en la agrietada organización local del narcotráfico? ¿Hay que confiar en la astucia fusionada que quizá como derivación de capacidades de asombro colmadas recupera la vida común, pese a la ausencia del decreto público que dé por finiquitada la guerra? ¿Cuál es el nivel de peligro para los sinaloenses de bien que determinan a riesgo propio la resiliencia como último reducto de la calma tensa?
Aunque las respuestas están más en el terreno de la percepción de los sinaloenses en materia de paz, el cálculo con base en datos duros tendrán que hacerlo los gabinetes estatal y federal de seguridad pública, indicando con sustento en estadísticas medibles lo que proceda tanto en la acción gubernamental como en la participación cívica. En espera de que sea dispersada la densa bruma producto de salvajismo prorrogado, la intuición colectiva habrá de efectuar sus propios procesamientos de datos.
La pacificación se otea en el comportamiento de la población, sin embargo, la persistencia de hechos de alto impacto aunque no tan recurrentes como en los lapsos más álgidos de la narcoguerra, hace que penda del hilo de la eventualidad la confianza en el regreso a la tranquilidad mínima indispensable que tenía Sinaloa antes del 9 de septiembre de 2024.
Por ejemplo, la estadística oficial a cargo de la Fiscalía General de Justicia del Estado da una idea del descenso en los casos de asesinatos durante el primer trimestre de 2026 con 107 en enero, 109 en febrero y 79 en marzo, en comparación con el mismo período de 2025 que registró 138 en enero, 119 en febrero y 135 en marzo. Aun considerando que la clasificación que aplica la institución ministerial matiza los indicadores, de cualquier forma proceden a disminuir las muertes causadas por armas de fuego.
En feminicidio, otro delito de alto impacto, en el año en curso fueron reportados nueve en enero, cinco en febrero y dos en marzo, comportándose dichas agresiones letales a mujeres de manera similar a 2025 con 0 casos enero, cinco en febrero y dos en marzo. Siguiendo ese mismo orden, el robo de vehículos con violencia suma 551; 425 y 404 mostrando leve disminución en 2026, pero notable frente a 2025 con 630; 564 y 594 transgresiones de este tipo.
Con estos números fríos, agregándoles la opaca información en lo que se refiere a desapariciones forzadas y tomando como base el recuento que realiza Noroeste de 6.2 hechos diarios en promedio de personas privadas de la libertad, los sinaloenses gradúan temores y valentías que les indican internar regresar a los espacios públicos o bien reimplantar medidas de autoprotección.
Los días de Semana Santa confirman que el instinto de sobrevivencia actúa a falta de señales de parte de instituciones de seguridad pública que le permitan a la gente tomar decisiones en cuestión de protección familiar o sectorial. Así lo establecen los 2.8 millones de personas que se movilizaron en todo el estado durante los días de asueto, dejando una derrama económica superior a 3 mil 648 millones de pesos, según lo informa la Secretaría de Turismo del Gobierno del Estado.
Y sobre lo otro, que es la atenuación de la actividad criminal con dos días sin homicidios dolosos, la interpretación depende de cada ciudadano conforme le vaya en medio del fragor de la narcoguerra. El deseo generalizado por la paz entra en compás de espera porque requiere de mayores indicios de que el cese del fuego en la delincuencia organizada estructure la expectativa sólida de seguridad y legalidad.
Siendo así, lo que presenciamos elucubra una especie de encrucijada donde la confianza en el hoy de ninguna manera significa la certidumbre del mañana. El vive ahora y piensa después en las consecuencias de tal atrevimiento. Pausar el miedo ante la menor interrupción de los fuegos cruzados no obstante que la tregua anuncie la víspera de más narcoguerra intensa. Coexistir entre intervalos de esperanza y de abatimiento.
No existen barruntos de paz,
Ni el repliegue de sicarios.
Pero sí hay un pueblo audaz,
Con los arrestos necesarios.
Merecen el reconocimiento todos los participantes en el Plan Operativo de Semana Santa que logró saldo blanco en lo que respecta al cuidado de la muchedumbre que se movilizó hacia los lugares turísticos y de esparcimiento de Sinaloa. El informe que presentó en la Semanera de ayer el director del Instituto Estatal de Protección Civil, Roy Navarrete Cuevas, prueba que se trató de una jornada intensa para el personal de instituciones involucradas en otorgar un total de mil 244 servicios, la atención a 622 personas lesionadas y 81 rescatados dentro del agua. Ni el fenómeno de mar de fondo evitó que la gente regresara feliz e ilesa a sus quehaceres cotidianos.