Sinaloa: la paranoia de 36 horas
La 4T, la que enloqueció primero

Alejandro Sicairos
24 agosto 2026

Había dicho la Presidenta Claudia Sheinbaum que era decisión personal de Rubén Rocha Moya si regresaba o no al cargo, cuando el viernes le explotó en las manos la crisis política que escaló de lo local a lo nacional debido a que el de Batequitas decidió fallidamente retomar la titularidad del Ejecutivo estatal. Algo se rompió en el lapso de diez días para que ocurriera el dramático episodio en el cual la Mandataría federal, el Movimiento Regeneración Nacional y el Congreso de la Unión le dieron la espalda a quien antes defendían a capa y espada.

La crónica de todo lo que se alteró desde las 8:46 horas del 21 de agosto, cuando Rocha Moya dio a conocer que retomaba sus funciones de Gobernador, hasta las 17:40 del día siguiente que comunicó la nueva solicitud de licencia temporal con carácter indefinido, desnuda la catadura fatua de la llamada Cuarta Transformación cuyo brote de esquizofrenia arrasó con todo y mostró la incapacidad de enfrentar los trastornos del poder sin hacerse pedazos internamente.

El análisis, si quien lo realiza no cae en la misma trampa demencial implícita en los sucesos de viernes y sábado, obliga a separar las muchas causas que al confluir todas configuran el caldo de cultivo ideal para fobias, filias y ataques de pánico que son ambrosía para lograr los trending topic en redes sociales. El establishment morenista, sobre todo, cuya extraña convulsión que agitó desde Sinaloa a la Ciudad de México, y desde Palacio Nacional a la finca de Palenque donde reside Andrés Manuel López Obrador, alentó a que la Oposición tuviera un día de festín de lobos.

Lo locura tomó a todos por sorpresa. La presunción de inocencia, ese precepto fundamental de la justicia, estalló en añicos tanto para los que gobiernan el País desde los poderes Ejecutivo y Legislativo, y los que expulsados del poder postularon hacer arder a la Patria y luego gritar “¡El fuego! ¡El fuego! ¡Llamen a los bomberos!”. El infierno sinaloense del crimen organizado chocando entre sí y los miles de muertos y desaparecidos de la narcoguerra pasaron al ser la última de las prioridades porque los apetitos políticos quisieron librar su propia conflagración exterminando la sensatez, la constitucionalidad y el derecho de los ciudadanos a decidir por sí mismos.

Hoy sólo queda la oportunidad de analizar con profundidad los preludios del caos. Primero Sheinbaum expresó en la Mañanera del 11 de agosto que le correspondía a Rubén Rocha decidir cuánto tiempo permanecería separado de su cargo pues Estados Unidos todavía no ha entregado a México la información solicitada para fundar la posible detención urgente con fines de extradición, postura presidencial que le dio vuelo a la hipótesis del regreso a su despacho del tercer piso de Palacio de Gobierno.

Antes, el 8 de julio cuando se cumplía casi mes y medio de que Rocha compareció ante la Fiscalía General de la República en razón de la investigación abierta en su contra, en conferencia de prensa que presidió la titular de la institución ministerial, Ernestina Godoy, el responsable de la Fiscalía Especializada de Control Regional, David Bone de la Garza, informó que no se tenía el parámetro probatorio mínimo para proceder en el caso Rocha.

Paralelamente, el Departamento de Justicia de Estados Unidos bajó de intensidad la acusación que presentó el 29 de abril contra Rocha y 10 funcionarios más en activo o en calidad de ex, sosteniendo la escalada de declaraciones inculpatorias más de carácter mediáticas que vinculantes, y con el más reciente referente de que el General Gerardo Mérida Sánchez, testigo principal en este caso, abandonó la prisión de Brooklyn sin conocerse la motivación para otorgarle dicho beneficio judicial.

Al último sucedió, el miércoles 19 de agosto, la detención de Fausto Corrales Rodríguez, quien acompañaba en funciones de chofer a Héctor Melesio Cuén Ojeda, el fundador del Partido Sinaloense que fue asesinado en Culiacán el 25 de julio de 2024, mismo día en que Joaquín Guzmán López, hijo de “El Chapo” secuestro y traslado hacia Estados Unidos a Ismael “El Mayo” Zambada, operación que supuestamente fue supervisada por el Buró Federal de Investigaciones.

Para llegar a la verdad respecto a la demencial reacción que cimbró a México por el tan anunciado regreso de Rubén Rocha al Gobierno de Sinaloa, es aconsejable el correcto ensamble de la secuencia de hechos, dichos y también silencios que vienen siendo como el huevo de la serpiente que incuba las maldiciones de la Cuarta Transformación que al unísono le dio la espalda a uno de los suyos, obstinación de la FGR por prolongar en la secrecía el expediente Sinaloa, partidocracia que convierte en botín electoral la desgracia de la tierra de los once ríos, y la súbita maniobra de Claudia Sheinbaum para liberarse del control que ejerce sobre ella el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Calma. Rocha Moya se ausenta de nuevo del cargo que por voluntad democrática de los sinaloenses obtuvo en las votaciones para Gobernador del 6 de junio de 2021. Si ello es la solución a todos los males que la narcoguerra nos trae, el antídoto contra el veneno de barbaridades que envenenan a un pueblo entero, entonces que reine la ley de los trastornados y caduque el marco constitucional como única vía asequible para salvarnos todos, entre nosotros mismos.

Y El Peje, con su coartada,

en Palenque a Rocha ordena,

que mande juntos a La Chingada,

a la 4T, Sheinbaum y Morena.

En medio de todo el desbarajuste que emergió cuando Rubén Rocha decidió regresar a finiquitar los últimos 436 días del sexenio para el cual fue electo, resalta la actitud sensata de Juan de Dios Gámez Mendívil, Alcalde de Culiacán con licencia, cuya expectativa de que también retomaría el cargo mantuvo en estado de alerta a los mismos que se le echaron encima al Gobernador de efímero retorno a la función pública. ¿O Gámez decidió no volver o midió el terreno para ver cómo le iba a Rocha?