Tener presente el escenario global

Juan de Dios Trujillo
28 marzo 2020

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La pandemia del coronavirus Covid-19 está teniendo un efecto devastador, no anticipado, en las economías nacionales, particularmente en las economías de mayor desarrollo. Las medidas para detener su expansión tienen potencial para causar colateralmente una profunda depresión de las economías de los países y de la economía mundial, mayor incluso a lo ocurrido en 1929, pues lleva a que los países paren su aparato productivo y se encierren sobre sí mismos.

Efectivamente, el costo económico que implica frenar la pandemia puede ser mayor al costo que implica propiamente la conservación de la salud pública. En tal sentido, los gobiernos no pueden hacer a un lado la necesidad de mantener en cierto nivel la marcha de la economía, no pueden verse arrastrados por el pánico público.

Nouriel Roubini, reputado analista de los mercados globales, ha hecho una comparación entre los efectos de la crisis financiera global surgida en 2008 y la crisis desencadenada a partir de hacer frente al Covid-19 (Project Syndicate, marzo 24 de 2020). La expansión de la crisis sanitaria está siendo muy rápida, y sus efectos económicos mucho más severos a corto plazo que los efectos de la crisis financiera global de 2008.

La crisis financiera global se distribuyó sustancialmente a lo largo de tres años, si bien la recuperación plena no se ha alcanzado aún, pero el efecto del coronavirus se concentra en un periodo comparativamente muy corto.

El mercado bursátil de Estados Unidos se derrumbó en un periodo de 15 días (a niveles no vistos, imponiendo nuevos récords) y no se ha recuperado, y los mercados de crédito se congelaron. Firmas financieras, como Goldman Sachs, JP Morgan y Morgan Stanley esperan que el PIB de Estados Unidos caiga a una tasa anualizada del 6 por ciento en el primer trimestre, y del 24 por ciento al 30 por ciento en el segundo trimestre. Además, se advierte que la tasa de desempleo podría elevarse por encima del 20 por ciento (el doble del pico durante la Gran Recesión). El número de despidos está alcanzando niveles no vistos.

El mejor escenario para la economía mundial sería una crisis económica severa, de corta duración (en los términos de Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal), que hiciera posible la recuperación del crecimiento en el cuarto trimestre del año. Pero, de acuerdo con Roubini, este escenario supondría que los gobiernos de Estados Unidos y Europa hicieran las cosas bien en la contención de la pandemia, teniendo el mismo éxito que China, lo cual no parece ser el caso -por lo pronto, Estados Unidos es ya el país con mayor número de contagios-. Además, todavía no se puede asegurar que se tendrá una vacuna disponible para su distribución masiva en este año.

También supondría que los responsables de la política monetaria - que han sido más agresivos en el periodo de la pandemia que en los tres años de la gran crisis global desencadenada en 2008- continuarán implementando tasas de interés cercanas a cero o negativas, medidas de alivio cuantitativo y de alivio crediticio. Además, la Reserva Federal es clave para dar liquidez de dólares a la economía global. Se requiere alentar que los bancos presten a empresas pequeñas y medianas que puedan mantenerse solventes.

Igualmente, se requeriría que los gobiernos dieran un enorme estímulo fiscal, hicieran transferencias de ingresos en efectivo para los hogares para que puedan mantener cierto nivel de consumo durante la pandemia. En tal sentido, en las economías avanzadas los déficits fiscales deberían aumentar de 2-3 por ciento del PIB a alrededor del 10 por ciento, o más. Los gobiernos centrales deberían comprometer recursos para impedir el colapso del sector privado.

En fin, se requeriría que hubiera coordinación de políticas macroeconómica entre países y al interior de los propios países. Dada la renuncia de Estados Unidos a asumir tal liderazgo en la coordinación internacional esto es altamente improbable.
A la economía mexicana se le vienen tiempos difíciles, particularmente después de un año tan complicado como 2019. El escenario global es favorable a la expansión del gasto público -en este marco la opinión de las casas calificadoras es irrelevante-, sin embargo, desde nuestro punto de vista, el esfuerzo debe provenir del lado monetario, con tasas de interés más bajas y mayor inyección de liquidez en la economía.