Todo nace para florecer

Rodolfo Díaz Fonseca
20 abril 2026

Con este título introdujo el Papa Francisco el libro: “Esperanza. La autobiografía”, escrita por Carlos Musso. “El libro de mi vida, dijo, es el relato de un camino de esperanza... la esperanza es sobre todo la virtud del movimiento y el motor del cambio: es la tensión que une memoria y utopía para construir como es debido los sueños que no aguardan. Y, si un sueño se debilita, hay que volver a soñarlo otra vez, en nuevas formas recurriendo con esperanza a las ascuas de la memoria”.

Subrayó: “Los cristianos hemos de saber que la esperanza no engaña ni desilusiona: todo nace para florecer en una eterna primavera”.

Sin embargo, Francisco tampoco se engañaba; no por mantener vivo el horno de la esperanza todas las cosas van a tornarse positivas, sin que exista un descalabro, tropiezo o desaguisado. Por eso, en el prólogo narró el accidente del llamado del buque Princesa Mafalda, conocido como el “Titanic italiano, debido a que naufragó rumbo a Argentina habiendo partido de Génova el 11 de octubre de 1927.

En ese desdichado buque debían partir sus abuelos y su único hijo, Mario, el padre de Francisco; empero, no alcanzaron a vender sus pertenencias y perdieron el embarque, aplazando su viaje hacia Argentina. “Por eso estoy ahora aquí”, remarcó Francisco. “No se imaginan la de veces que se lo he agradecido a la Divina Providencia”.

El 1 de febrero de 1929 lograron, por fin, embarcarse en el barco Giulio Cesare para emprender un largo viaje de esperanza. Era un crudo invierno al que Federico Fellini se refirió en una de sus películas como “el año de la gran nevada”.

Por esta experiencia, al ser electo Papa, Francisco quiso hacer su primer viaje fuera del Vaticano a Lampedusa.

¿Camino en esperanza?