Trevilla y Harfuch en calles de Culiacán
Las fotos no dicen lo que Sinaloa siente
Igual que lo hizo en octubre de 2024 el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, el viernes de la semana pasada estuvo recorriendo calles en Culiacán el General Ricardo Trevilla Trejo, Secretario de la Defensa Nacional, sin que haya entre ambos hechos gran diferencia en los sinaloenses respecto a la percepción y sentimiento por la violencia ininterrumpida y atemorizante de los 21 meses que se cumplen mañana. En los dos ejercicios de verificación presencial se ha anunciado la pacificación pero en contraste con los visitantes que vienen unas horas y se van, la narcoguerra llegó para quedarse.
Resultan poco explicativos y mucho menos confortantes los pasos calculados de los mandos militares y civiles que operan la seguridad pública en el País, mientras la delincuencia organizada actúa retadora y fría de manera permanente en sus ajustes de cuentas y sin distinguir a ciudadanos inocentes. ¿Qué le quiere infundir a la población ese andar de Harfuch y Trevilla en zonas citadinas en las que el crimen se mueve a sus anchas?
Harfuch vino a caminar por las calles un mes después de que en septiembre de 2024 comenzó la gran confrontación entre los hijos de Joaquín Guzmán Loera y los de Ismael Zambada García, ese gran cisma que rompió la pax narca reinante durante las décadas en que El Chapo y El Mayo operaron juntos el Cártel de Sinaloa y lo convirtieron en el fiel de la balanza del trasiego de drogas con la premisa de “más negocio y menos muertos”.
Aquel día, el titular de la SSyPC federal y los integrantes del Gabinete de Seguridad Nacional caminaron por calles de la capital del estado blindadas por las fuerzas armadas y, sin más, las imágenes que circularon contribuyeron a la naciente esperanza de que el choque en el CDS duraría sólo algunas semanas. El avance de la narcoguerra a los dos años de violencia extrema contradice la estrategia de venir a dejar señales de paz que a la postre son signos de indefensión.
Ahora, cuando ningún habitante o sector de Sinaloa posee certidumbre en cuanto al fin de la narcoguerra e inicio de la reconstrucción de lo dañado, repite la misma práctica el titular de la Sedena acompañado por el Comandante de la Guardia Nacional, Guillermo Briseño Lobera, sin mayor justificación que la fotografía que los muestra deambulado por la vía pública y saludando al personal militar y policial que resguarda a Culiacán.
Si acaso es verdad que una foto dice más que mil palabras, la conversación pública se encargó de asignarle centenas de interpretaciones e interrogantes, en su mayoría de reclamo porque la numerosa presencia de efectivos castrenses y de la Guardia Nacional no ha podido reponer las condiciones de legalidad y civilidad para volver al trabajo, la escuela, los espacios públicos y la vida normal con la confianza y certeza de que todos podrán regresar sanos y salvos a sus casas.
Frente al Sinaloa lastimado, de luto por los 5.3 homicidios dolosos perpetrados en promedio cada 24 horas, y la espera infinita en las familia por las 6.2 personas privadas de la libertad a diario, los altos jerarcas de la seguridad pública debieran ofrecer resultados que sean el indispensable dique al drama y horror rutinarios. Lograr primero que los ciudadanos de bien retomen los espacios públicos sin correr riegos y enseguida que el recorrido lo hagan Trevilla y Harfuch arropados por el agradecimiento popular.
Por lo pronto la gente no puede ir tranquila por las calles y carreteras de Culiacán, Mazatlán, Navolato, Escuinapa, Concordia y Rosario tomándose fotos para hacer ver que Sinaloa es pacífico. Los secretarios de la Defensa Nacional y de Seguridad Pública y Protección Ciudadana están informados de eventos de violencia en cualquier lugar y hora no obstante los convoyes de soldados, guardias nacionales y policías federales y estatales que pululan en lo urbano y lo rural.
Nada de malo tiene que Trevilla y García Harfuch vengan a los centros poblados de Sinaloa y cámara en mano recorran sus calles y caminos, pero lo normal sería que los ciudadanos lo hagan en igualdad de condiciones, sintiéndose seguros como derivación de paz positiva y duradera. Entonces podríamos ir codo a codo, selfie a selfie, por las vías de la armonía y el respeto rindiéndoles tributo a quienes hicieron posible la pacificación.
Sinaloa tiene otros datos,
Con fotos de la cruel pesadilla,
Muy diferentes a los retratos,
Que presumen Harfuch y Trevilla.
Desde que en 2013 fue anunciada la construcción de la planta de amoniaco en Topolobampo un sector de la población que se asume como originaria comenzó la lucha para que se vayan la industria petroquímica y el capital, con el argumento de que extinguirá la vida en los ecosistemas e inclusive amenaza la existencia humana. Esa masa del “¡Aquí no!” marchó ayer desde Los Mochis al puerto marcando la colosal advertencia de riesgo a cuanta inversión extranjera directa esté pensando en establecerse en Sinaloa. Quién sabe si la oposición al proyecto de GPO y Proman sea o no lo correcto porque este engrudo ya se hizo bolas, pero sí es real la cuenta regresiva hacia un futuro donde vale más el ambientalismo extremo que la pertinencia de más desarrollo económico.