Una misión histórica

Rodolfo Díaz Fonseca
01 junio 2026

El Papa León XIV, en su carta encíclica “Magnifica Humanitas”, señaló que la Iglesia no tiene solamente una misión ahistórica, mística y espiritual, sino que también tiene una palabra que decir en el contexto político, económico, cultural o social:

“Este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales. Por ello no puede considerarse ajena a las dinámicas que configuran el rostro de la sociedad. Más bien, participa con compromiso en los caminos a través de los cuales la sociedad misma crece y se organiza, y ofrece su contribución al logro de una convivencia más justa y fraterna” (n.19).

La Iglesia, por tanto, continuó el Pontífice: “No pretende asumir las funciones que competen al Estado; por el contrario, valora su servicio al bien común y reconoce con convicción la responsabilidad que las instituciones civiles ejercen en la sociedad”.

Sin embargo, añadió, tampoco puede mantenerse al margen o ajena a la realidad: “Al mismo tiempo, la misión que se le ha confiado la lleva a no permanecer distante de los sufrimientos concretos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su cercanía no nace de la intención de suplir a las instituciones, ni mucho menos de una crítica implícita a su labor, sino de la caridad evangélica que la impulsa a acercarse a las heridas de la humanidad en los momentos en que éstas se manifiestan con mayor gravedad. Cuando interviene, lo hace imitando al buen samaritano, con discreción y cercanía, consciente de que lo que surge de una necesidad inmediata no puede convertirse en norma, ni sustituir las responsabilidades institucionales propias de la comunidad civil” (21).

¿Asumo mi responsabilidad histórica?