Vacilaciones e indecisiones
En una columna anterior señalamos que, en su libro “Un instante eterno”, Pascal Bruckner analizó el desajuste generacional gestado en el último siglo y tituló su primer capítulo: “Renunciar a la renuncia”, para enfatizar la responsabilidad de las nuevas generaciones, desde la segunda guerra mundial.
Preguntó: “¿Qué ha cambiado en nuestras sociedades desde 1945?”. Respondió que la vida dejó de ser breve, porque se ha prolongado gracias al progreso de la medicina. Sin embargo, habría que recordar que, desde la antigüedad, Séneca había escrito sobre la brevedad de la vida y que, en años precedentes, Juan Carlos Onetti y Manuel de Falla también produjeron grandes obras respecto al tema.
Sea como sea, constató Bruckner, el ser humano considera la vida demasiado breve o demasiado larga, por lo que oscila entre el aburrimiento y el parpadeo de la urgencia.
Precisó: “Desde hace un siglo, de hecho, la raza humana ha estado jugando a la prolongación, al menos en los países ricos, donde la esperanza de vida ha aumentado de 20 a 30 años más”.
Constató que la curva de la esperanza de vida se alargó considerablemente: “La esperanza de vida, que era de 30 a 35 años en 1800, aumentó de 45 a 50 en 1900, y ganamos tres meses adicionales cada año. Una de cada dos niñas que nazca hoy llegará a los 100 años”.
Con gravedad, indicó: “A partir de ahora tenemos tiempo: no hay necesidad de apresurarse, de casarse y tener hijos a los 20 años, de terminar los estudios demasiado pronto. Podemos formarnos en cosas diferentes, tener oficios variados, varios matrimonios. Los ultimátums establecidos por la sociedad, más que ignorados, son burlados. Ganamos una virtud: la indulgencia hacia nuestras propias vacilaciones. Y un desafío: pánico a tomar decisiones”.
¿Soy vacilante e indeciso?