Venezuela y México, entre
la ciencia y la polarización

Emiliano Terán Bobadilla
13 enero 2026

La reciente crisis política detonada por la intervención de Estados Unidos en Venezuela ha reavivado, dentro y fuera de América Latina, una notable polarización de opiniones. De un lado están quienes miran con preocupación el rumbo del país hermano; del otro, quienes celebran la invasión y la presentan como un paso necesario para su “reconstrucción”.

En medio de ese ruido ha ganado espacio la idea de que lo ocurrido en Venezuela sería un anticipo de lo que podría pasar en México, bajo el supuesto de que ambos países enfrentan condiciones similares. Sin embargo, más allá de las posturas políticas, se pasa por alto un punto nodal, a saber, las diferencias históricas, institucionales y estructurales entre México y Venezuela, que hacen exagerado y simplista cualquier intento de equipararlos sin un análisis serio.

En este mismo medio, varios colegas han discutido con acierto el tema desde ángulos sociales, económicos y geopolíticos, los invito a leerlos. Sin abundar en esos puntos ya bien documentados, este texto busca sumar una mirada distinta al analizar cómo la inversión en ciencia funciona como un termómetro del interés de las políticas públicas por mejorar, a mediano y largo plazo, la situación de un país.

Cabe decir que más que subrayar carencias ajenas, nuestra intención es poner en contexto lo que en México se ha venido construyendo, aún con limitaciones, en materia de desarrollo científico, y usar la comparación no como reproche, sino como una herramienta para valorar esfuerzos, contrastar realidades y sostener la discusión con datos y evidencia.

Empecemos por describir brevemente sus situaciones demográficas y geográficas. Venezuela tiene unos 32 millones de habitantes, mientras que México ronda los 132 millones, y en cuanto a territorio Venezuela ocupa poco más de 916 mil km² frente a los casi 2 millones km² de México, una diferencia considerable tanto en extensión como en población.

En lo económico y productivo también hay contrastes que vale la pena señalar. Venezuela posee alrededor de 303,000 millones de barriles de reservas petroleras probadas, lo que lo coloca entre los mayores del mundo, mientras que México declara cerca de 6,000 millones de barriles, una fracción del volumen venezolano. Además del petróleo, Venezuela posee yacimientos de tierras raras como el coltán con potencial de explotación, mientras que México cuenta con depósitos de litio en Sonora que, aunque relevantes, aún no se explotan.

En contraste, en inversión científica, Venezuela enfrenta un panorama poco favorable.

El Global Innovation Index (GII) es un ranking anual elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO), en colaboración con instituciones académicas, que mide la capacidad de los países para generar y aplicar innovación. Su evaluación se basa en decenas de indicadores relacionados con instituciones, investigación, infraestructura y resultados tecnológicos y creativos.

Bajo este marco, en la edición 2025 del GII México se ubica en el lugar 58 de 139 economías evaluadas, mientras que Venezuela aparece en el lugar 136. Estos rankings no marcan un destino definitivo, pero sí ponen en evidencia que los ecosistemas de ciencia e innovación distan mucho de ser equivalentes.

Es de resaltar que, a pesar de tener una inversión en Producto Interno Bruto en ciencia similar, según reportes oficiales, en México la cantidad de investigadores ronda los 272 por cada millón de habitantes, cifra que muestra una base de capital humano dedicada a generar conocimiento. Aunque todavía por debajo de países con una inversión similar en ciencia. Esto contrasta con Venezuela, donde para 2023 los investigadores por millón de habitantes estaban alrededor de 180.

En el caso de México, aunque parece que las inversiones no alcanzan para despegar como debieran, el mayor número de investigadores y un ecosistema un poco más sólido conectan mejor la ciencia con la educación superior y el sector productivo. En Venezuela, por su parte, el deterioro del sistema científico se ha documentado en varios análisis, con pérdida de personal y de producción académica en los últimos años.

Finalmente, lo que queremos resaltar es que México está lejos de ser como el país hermano de Venezuela, ya sea en términos económicos o de infraestructura tecnológica para la investigación. Sin embargo, esto no debe asumirse como un motivo de complacencia, sino como una reflexión sobre la importancia que tiene invertir en ciencia en el contexto mundial actual. Ahora más que nunca, debemos comprometernos con esta tarea, tanto a nivel institucional como profesional.