Viene la reactivación, a contrarreloj

Alejandro Sicairos
25 mayo 2020

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alexsicairos@hotmail.com


Plan Sinaloa o ‘sálvese quien pueda’

A partir de hoy comienza la cuenta regresiva hacia la “nueva normalidad” que el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha determinado que inicie el lunes primero de junio y que en Sinaloa estará sujeta a cómo amanezca ese día en el semáforo de la pandemia por el nuevo coronavirus, que a nivel nacional y estatal se resiste a ser domada. Encrespada la mar de incertidumbre por los desaciertos en el manejo del Covid-19, cuya curva no se aplana, le corresponde al azar determinar los desenlaces.

Hoy como ayer, la mentira oficial se posa muy por encima de la realidad nacional. A las fábulas de la Nación blindada contra el gran virus, la de escudos de saliva contra el contagio de la saliva, le corresponderá un nuevo cuento que haga apacible este tránsito largo por el peor trecho de la emergencia sanitaria. “Se relajaron, paisanos” y ahora sufrirán las consecuencias.

En caso de que fuese indispensable dedicarle tiempo a descifrar la oratoria de nuestros políticos con las mismas proyecciones erráticas respecto al comportamiento del SARS Cov-2, encontraremos que es más factible que sigamos estancados en la Fase 3, la del contagio epidémico, que se adelante en México la etapa 4, de la segunda ola, y agotemos el 2021 sin ver la fase 5, que es el final de la enfermedad. Cualquier ejercicio analítico basado en el sentido común avizora dicho escenario.

Eso quiere decir que Sinaloa debe prepararse para levantarse de los daños dejados por la enfermedad, aprendiendo a convivir con ella. En unas semanas se instalará esa disque súbita autenticidad en la cual muchas personas continuarán siendo víctimas de la propagación, pero el número y las historias de éstas pasarán a segundo término al agotársele el tiempo fatal a la reactivación económica, política y social.

Ya hay asomos de tan cuestionable ardid. Los recuperados, que sí son muchos y atribuibles a un esfuerzo médico heroico, aparecen arriba del recuento de las secuelas, sin embargo, la verdad en su conjunto no da para ser optimistas ya que al buscar la luz al final del túnel lo que hallamos es la lobreguez de la desesperanza. Véanlo señor Presidente, señor Gobernador: aquí sigue el nuevo coronavirus sumando muertes e infectados.

¿Qué es lo que sigue? De aquí en adelante la prolongación de los contagios o decesos ya no será responsabilidad del gobierno sino de la población, señalándose con índice de fuego a las masas que en su desesperación tratan de sobrevivir saliendo del encierro. Está listo el catálogo de cómo forzar al País para que ingrese a la “nueva normalidad” y se omite, porque hacerle al pato es la moda, el plan de apoyo para que desde lo individual, familiar o general empecemos la jornada de la restauración.

Insistimos en que a Quirino Ordaz Coppel le competerá la reactivación de Sinaloa y dicha tarea lo calará más que cualquier otra coyuntura que haya enfrentado desde el primero de enero de 2017 al 31 de octubre de 2021. Deberá hacerlo solo, con voluntad y recursos propios, a no ser que la presión que los estados ejerzan sobre López Obrador obligue a éste al viraje en la inexorable lejanía federal con los que cerrarán empresas, cancelarán fuentes de empleo, se sumarán a la pobreza extrema, tienen los hogares devastados al sufrir decesos, o verán que sus vendimias ya no dan para sobrevivir al caer estrepitosamente el poder adquisitivo.

Es fundamental la estrategia de reactivación ajustada a las características particulares de Sinaloa. Hoy lo cuestionan por reabrir los expendios de cerveza y mantener cerrados los sectores de ropa, electrónica y otros trastos en los supermercados. Se le pregunta qué hará con los pequeños negocios que mantendrán abajo las cortinas al no poder resistir los estragos de la pandemia.

Le queda a Quirino Ordaz solamente una semana para que vaya más allá del catálogo federal que dice cómo reactivar, pero cada quien rascándose con sus propias uñas. Para que el Gobernador intente a contrarreloj un esquema a la medida de Sinaloa con créditos, aplazamiento del pago de contribuciones, ampliación de la ayuda alimentaria a la población que lo necesita y gestión para que cese la voracidad de la CFE con cobros que lucran con mexicanos diezmados.

Es decir, el plan Sinaloa que ponga en primer orden de las prioridades dos obligaciones esenciales: una, contener al Covid-19 que avanza hacia otros municipios con tanta fuerza que no se aplana ni se deja domar y, dos, entender y atender la angustia de ciudadanos y empresas acostumbradas a aportarle al progreso por medios lícitos y quieren persistir en ello aun cuando el virus insista en asfixiarlos.

A eso invita el tic tac del cronómetro regresivo hacia la fase que sigue, sea cual sea. La indicación de la hora en que la verdad se impondrá por más que la intenten matizar con frases de ocasión, ocurrencias fuera de contextos y semáforos cuyas luces pretenden entretener a la sociedad reclamante de soluciones. Es que creen que los mexicanos lo aceptamos todo, inclusive el decreto para aplaudirle al gobierno mientras morimos, o vemos morir.

Reverso
Que no resulte esta fase,
De la ‘nueva normalidad’,
El hecho de acostumbrarse,
A prescindir de la verdad.

Santo sin aureola
¿Qué quieren los comerciantes de Culiacán que haga el Alcalde Jesús Estrada Ferreiro ante el reclamo de que el gobierno los ha dejado solos en medio de la crisis del coronavirus? ¿Qué puede hacer él si los ediles morenistas tienen prohibido contradecir los edictos de la Cuarta Transformación? Están prendiendo veladoras en el altar equivocado.