Violencias y deshumanización, perdemos la frontera de lo tolerable
“Ustedes la tienen más difícil. La delincuencia organizada no va a mi casa a matar a mi familia, pero en México no tienen límites. Por lo que sé, allá todo se vale”. Me dijo un policía turco hace unos 20 años conversando en un evento de la ONU en Panamá. Impartía yo clases sobre delincuencia organizada en esos tiempos y profundizaba en el contraste internacional desde la perspectiva cultural.
Ahora nuestras investigaciones y las de otras universidades y organizaciones de la sociedad civil nos enseñan violencias masivas asociadas a la crueldad, como mecanismo masificado en sistemas de control político y social (https://seguridadviacivil.ibero.mx/wp-content/uploads/2026/05/geografias_de_la_crueldad.pdf).
Entendemos en el Programa de Seguridad Ciudadana (PSC) de la Ibero CDMX que en México se están reconstituyendo los sistemas de regulación de las conductas, siendo ocupados por las violencias en todos los ámbitos posibles, privados y públicos.
Observamos la masificación, diversificación, agudización y normalización de las violencias, lo que parece mostrar políticas públicas deficientes, a su vez haciendo parte de procesos de reconfiguración social que vienen desmontando la frontera de lo tolerable. Sabemos que se han construido montañas de teoría en torno a las violencias desde múltiples disciplinas, pero difícilmente encontramos la vinculación entre estas y esas políticas públicas.
El relato oficial hegemónico que enseña la reducción inusitada de homicidios intencionales, a la vez invisibiliza el catálogo de atrocidades (https://seguridadviacivil.ibero.mx/wp-content/uploads/2026/04/menos_homicidios_mas_preguntas_psc.pdf).
El Estado hace generalmente todo lo posible por no reconocer la reconfiguración política y social de las violencias, alejándose así del posible liderazgo en su transformación.
Habiéndose hecho evidente como nunca antes la simbiosis entre la delincuencia organizada y múltiples redes políticas y empresariales, las mismas usan su influencia y control mediático para impedir el flujo de información que podría incentivar la acción colectiva crítica ante la captura del Estado.
Si bien no podemos desde el PSC concluir nada de cara a tal complejidad, sí podemos afirmar algo: parece colapsar, si es que antes lo hubo, el límite de lo tolerable, cuando de violencias hablamos. Por eso recordé aquella conversación en Panamá. Preguntémonos entonces: ¿todo se vale aquí y no en otras partes? De ser así, ¿qué sigue? ¿A dónde vamos?
Así como hemos convocado a redes de especialistas a construir alternativas para la reducción de los homicidios, espacio que nos llevó a descubrir que ahora tenemos geografías de la crueldad, ahora convocaremos a la interpretación transdisciplinaria que intente responder a esto.
Llamaremos, entre otras, a la psicología, las neurociencias, la antropología, la filosofía social, la ciencia política y la sociología. Llamaremos a quienes han hecho de las violencias un área de especialidad en sí misma. Convocaremos propuestas pedagógicas modernas. Invitaremos también a los enfoques críticos de género y feminismos. Y mucho más.
Como lo ha explicado Rita Segato, estamos siendo entrenados para deshumanizarnos, transformando la vitalidad humana en mercancía o desecho. Nuestro compromiso ético y político se inspira en lo que ella llama las contrapedagogías de la crueldad, rescatando la empatía, el arraigo local y los vínculos humanos para combatir la pérdida de sensibilidad.
Contribuiremos a recuperar la frontera de lo tolerable, desde una pregunta más, en este caso, apenas soportable: ¿aún estamos a tiempo?