Consuelo Lizárraga: Una mujer que nació dos veces

31 agosto 2017

"La conocida mazatleca, cronista de sociedad en Noroeste, durante muchos años, celebra hoy su cumpleaños número 70"

Ariel Noriega

Consuelo mira desde sus ojos grandes en una fotografía de niña, presume su vestido, su peinado y su sonrisa, la misma que la acompañará toda su vida... una vida no fácil, cuesta arriba, un camino con piedras que sabrá sortear para llegar entera hasta hoy su cumpleaños.

Nada más nacer en 1947, se dio cuenta que la vida no sería fácil, llegó al mundo con un pie chueco y en una familia conservadora, cuando ella quería recorrer el mundo entero y convertirse en algo más que una ama de casa.

El pie parecía incorregible, pero un médico consiguió enderezarlo a tiempo, así que podría salir de su pueblo, Potrero de Carrasco, y conocería el mar.

Pero la que parecía no tener arreglo era doña Cleotilde, su madre, incapaz de aceptar que una niña le saliera emprendedora, vivaracha, que tomara sus propias decisiones, que le gustara la vida, aunque a veces haya que sufrirla.

Un buen día se presentó un fotógrafo en la casa del rancho con una foto de la niña Consuelo saliendo de misa, la había pedido ella sin consultar a nadie, para lucir su vestido, su cara de ángel y su sonrisa siempre lista.

Si la infancia es destino, a Consuelo Lizárraga le gustaba la historia de la gente que pasaba frente a las cámaras, así que se dedicaría a contar las historias del que nace, el que se casa y el que se muere.

Su amor por la moda y los vericuetos de sociedad le venían de manera tan natural, que cuentan que sólo tenía 7 años cuando le comentó a un sacerdote:

“Confieso que soy muy lujosa”, dijo a un párroco perplejo, quién pidió inmediatamente una explicación.

“Es que me gustaría tener muchos vestidos, muchas muñecas, muchos zapatos”, contestó la niña.

Iba a la misa los domingos, por las tardes

Su mamá casi le “arranca la cabeza” por andar tomándose fotos por encargo, pero eso no le quitó sus ganas de conocer el mundo: quería estudiar.

Sin posibilidades de estudiar una carrera, algo sólo permitido a los hermanos varones, Consuelo aceptó estudiar Comercio, junto al resto de sus hermanas.

Trabajadora, alegre y con un sentido común a prueba de balas, a Consuelo la definen sus frases que va regalando por donde pasa.

“De donde no me quieren, me desaparezco”, y con esa frase salió de un matrimonio del que sólo rescató a sus hijos... y su libertad.

Mujer independiente, en una época donde hacerlo era mal visto, Consuelo dedicó su vida a su trabajo como cronista de sociales: es quizá la mazatleca que ha asistido a la mayor cantidad de fiestas del puerto, la que conoce a más personas, y con mucho la mujer con más amigos frente al mar.

De regreso en casa, acompañó hasta el último día a su padre, luchó porque cada uno de sus tres hijos fueran felices sin coartarles la libertad que ella tanto defendía, aceptó desplantes y descortesías, pero al final siempre tuvo más horas felices que soledad.

En 2013, un camión urbano chocó de frente con ella... ella solo tuvo su sonrisa para defenderse y las ganas de seguir viviendo.

Mazatlán se volcó al hospital de donde, tras semanas de debatirse con la muerte, nació otra Consuelo, más alegre, más querida y más fuerte que nunca.

Todavía le sucede una que otra tragedia: hace poco un automóvil se llevó a su perro, El Charro, y la dejó un poco más sola en este mundo, pero le quedan sus hijos, sus nietos, sus amigos, su Mazatlán... y un enorme corazón para seguir gritando a los 70 años: “Arriba corazones”.