Corazón de mujer

Angelina Zamudio
16 noviembre 2015

"La chancla de mamá"

Aunque mi madre jamás me arrojó una chancla, con sólo gritar mi nombre tenía yo para ponerme derechita como soldado. Cuando más, una nalgada. Me decía que ella no estaba de acuerdo con el cinto, ni con la chancla, ni con hincar en el rincón, aunque a ella, además de hincarla sobre maíz, sufrió más de un acto correctivo tan doloroso, que no me atrevo a contarlo.
Otro recurso de ella, era echarme esa mirada fulminante, la cual era un aviso de lo que podía seguir, si no me retiraba de la plática de adultos.
Mi padre me contaba que cuando una visita llegaba a su casa, mi padre les servía un vaso de agua y se hincaba frente a ellas, por si se les ofrecía algo más, sin necesidad de que sus padres se lo pidieran. "Cuando los papás nos mandaban a traer algo, escupían en el piso y uno debía de llegar antes de que se secara la saliva", me decía también.
Sé de otras historias en las que había una cuarta, algún látigo u otro objeto con el que el padre advertía a quienes se portaran mal, ya que siempre había en el día, algún "Ya verás cuando llegue tu padre".
Mis padres me evitaron esos dolores, pero no la disciplina. Parecían que tenían el mismo cerebro, que pensaban igual, como si fueran la misma persona dividida en dos. Lo que prohibía uno, prohibía el otro.
Traigo esto a colación, por la plática que tuve con amigos, en los que analizábamos cómo cada generación de mamás y papás le va bajando, no solamente a la "chancla", sino a la disciplina. Creemos como obligación que "no sufran", y así nos vamos perdiendo sin darnos cuenta.
La chancla de mamá puede seguir existiendo, no precisamente en físico, porque el golpe no es necesario si educamos en el respeto, el amor y la disciplina, sin embargo, mamá o papá, siempre necesitamos estar ahí, para jalar, para recordar, para reprender, para poner los pies en la tierra, para que las raíces no se pierdan. Para que el respeto de la jerarquía familiar siga existiendo, porque de perderse, estaremos perdiendo los principios y, por ende, la brújula de la sociedad.

Para reflexionar
¿Cuáles eran los medios correctivos de mis padres? ¿Cuáles utilizo ahora con mis hijos e hijas?