Evangelización, educación y cultura

Presbítero Amador Campos Serrano
08 noviembre 2015

"Mesopotamia"



El lugar donde se originó la cultura de occidente, Mesopotamia, es el primer sitio en donde nacieron, para occidente, los primeros grandes centros de la civilización urbana, con sus ventajas, pero también con sus consecuencias.
En su origen más remoto, este lugar se adentra en el Neolítico, avanzando hasta los años 10 mil al 8 mil a. C., cuando en este periodo se asentó en el área periférica de la región, más adelante conocida como Mesopotamia.
Fue la riqueza de estos suelos la que atrajo a los habitantes de los lugares vecinos, gracias al riego de sus grandes ríos, el Éufrates y el Tigris, lo cual se convirtió en un factor principal para impulsar el nacimiento y el posterior establecimiento de la agricultura.
Ante la riqueza naciente se hizo necesario consolidar un aparato de producción, construyendo complejos canales, pero también, ante el aumento de los habitantes en los nuevos centros urbanos, fue necesario edificar fortificaciones, para proteger los nacientes asentamientos.
Entre el quinto y cuarto milenio se ubica el origen de las primeras ciudades y es muy probablemente Eridu la primera, aunque se tiene a Uruk, la cual es llamada Erech en las páginas bíblicas, de la que se tiene una más acabada manifestación de aquella época.
En la denominada época de los sumerios se originaron las primeros ciudades-estado, en donde se tiene conocimiento del nacimiento de la escritura, llamada cuneiforme, por la curiosa forma como se realizaba.
En la primera parte del tercer milenio, hacia el año 2 mil 330 a, C. Sargón I conquistó la región, unificándola, estableciendo la dinastía acadia e imponiendo su lengua.
Después de los acadios vino una serie de dominios alternos, entre las hegemonías de las ciudades-estado de la región, hasta el surgimiento de Babilonia la gran urbe, cuyo poderío llegó a ser comparado con el de Egipto.
Los asirios empezaron adquirir fuerza y dominio, y a partir del mil 350 a.C. aparecieron como potencia emergente en el dominio de la región, hasta que tuvo lugar una nueva invasión de los caldeos, dándose una mezcla cultural, hasta su colapso cuando Nabucodonosor alcanzó el dominio completo.
En el año 539 a. C. los persas, dirigidos por Ciro El Grande, conquistó rol imperio babilónico. Bajo este nuevo régimen fue impuesta la lengua aramea, llegando a convertirse en lengua común.
Mesopotamia perdió su hegemonía y su autonomía, al finalizar el dominio persa, causado por la excesiva opresión de este régimen. Finalmente entró el dominio helénico en escena, con el surgimiento de gran conquistador, Alejandro Magno.
El legado de Mesopotamia queda vigente, con una huella indeleble, en la civilización occidental, el lugar donde ésta tuvo su cuna y en donde se generaron las formas de convivencia que nos rigen. Aun cuando su hegemonía y dominio han desaparecido, su herencia perdura hasta nuestros días.