La panadería más especial, en el CAM de Costa Rica
"Ninguna deficiencia intelectual o física detiene a los jóvenes que están en el taller de panadería del Centro de Atención Múltiple número 14"
El cuerpo de Jesús Guadalupe Nevárez ya acusa las secuelas que le ha dejado la polio a lo largo de sus 59 años. Se despierta de lunes a viernes a las 4 de la mañana, toma sus muletas que están a lado de su cama y se prepara para un día más de trabajo en el Centro de Atención Múltiple número 14 en Costa Rica.
Vive en la salida oriente de la sindicatura, de su casa sale a oscuras, camina con dificultad por la calle hasta llegar a la ruta de El Batarete, camión que lo deja en la primaria de tiempo completo donde dicen, quien ha probado el pan que ahí hacen, se vende el mejor pan que hayan comido.
Jesús ha sido panadero toda su vida, debido a su discapacidad nunca le fue fácil encontrar trabajo fijo, siempre deambuló de panadería en panadería buscando ser reconocido como panadero; sin embargo, hace seis años se le abrió la oportunidad de ser instructor en el Taller de Panadería del Centro de Atención Múltiple número 14 en Costa Rica.
Él rápido aceptó el trabajo, no lo dudó, su labor es la de apoyar a los jóvenes con alguna discapacidad a elaborar pan; hacen empanadas de trigo, pan con queso Philadelphia, conchas, empanadas de cajeta, calabaza y piloncillo y birote.
Durante estos años él le ha dado clases a jóvenes con síndrome de Down, discapacidad intelectual y autismo; la mayor parte de los estudiantes pasan los 18 años de edad, más que hacer pan, ahí se adentra a los muchachos a el campo laboral, que salgan del CAM con la mentalidad que pueden hacer algo.

El maestro panadero con los alumnos que lo ayudan.
Durante su estadía como docente en el Centro de Atención Múltiple ha instruido a decenas de jóvenes, a los que más que enseñarles el arte de hacer pan, los ayuda a adentrarse en el campo laboral, a ser autosuficientes.
Jesús recuerda mucho a José José, así se llamaba, como el cantante, el muchacho aún los ayuda en ocasiones a hacer pan, era de sus mejores estudiantes. Él ahora tiene un trabajo en un supermercado de la sindicatura, hoy por hoy se vale por si mismo y ayuda a su familia con los gastos.
Año con año los integrantes del taller de panadería cambian, hoy los que le ayudan a realizar el pan son Julio César Camacho Sedano, de 18 años de edad; Miguel Ángel Audeves Zazueta, de 22 años; René Rochín López, de 18 años y Luis Alfredo Ibarra Zazueta de 22 años, todos ellos padecen de discapacidad intelectual.
Don Jesús cuenta que él está en el trabajo soñado, ya que siente que apoya a los jóvenes a que se den cuenta que pueden hacer algo en su vida, que pueden ser totalmente funcionales en la sociedad.

Alumnos del Centro de Atención Múltiple 14 de la sindicatura de Costa Rica.
"Me siento identificado con ellos, porque yo también tengo mi discapacidad y los entiendo, sé más o menos qué es lo que piensan, qué es lo que sienten, siento sus discapacidades", comparte Jesús.
"Tengo 30 años de panadero, me acuerdo que me corrían a mí de las panaderías, como tenía mi discapacidad me decían que no servía para nada", recuerda.
Lo primero que hacen en el taller es preparar la masa, Miguel Ángel de 22 años le ayuda a don Jesús a verter los ingredientes en la mesa para comenzar a hacer los panes. Don Jesús le va explicando paso a paso de lo que hay que hacer, pero parece que eso no es necesario, ya que Miguel sabe cómo hacerlo a la perfección, sus dos años en la panadería no han pasado en vano.
Los jóvenes apoyan en lo que pueden a don Jesús, él con las muletas a un lado, los instruye lo que deben de hacer. Para las 11:00 horas la mayor parte del pan está listo, justo en ese momento llega Norma Alicia, clienta quien afirma tiene comprando pan en el lugar desde hace más de 20 años, antes que de que fuera un taller como tal, y desde ahí, está segura de que es el mejor pan que ha probado.

Don Jesús instruye a uno de los chicos.
"La verdad sí vale la pena, por la escuela... recuerdo que traía a la niña, aquí al kínder (su hija, hay un kínder a un lado del CAM), me di cuenta cuando pasaba por aquí, yo siempre tuve fe en el pan, porque desde que me dijeron del pan, me dijeron que estaba muy bueno", platica.
Ya es hora de ir a vender el pan, René Rochín y Luis Alfredo son quienes se encargan de venderlo en la calle; 8 pesos vale cada uno, más barato que en cualquier panadería. Primero van a una primaria que está a un lado del CAM 14, cuando los niños ven a Luis y a Rene, se abalanzan sobre ellos.
A Luis no le salen muy bien las sumas, por lo que él es quien carga el pan, y lo entrega a los niños, René es quien se encarga de dar el cambio a cada niño, al final de su venta en la primaria les quedan como 15 panes, pocas veces pasa eso, sin embargo luego de que en la primaria le pidieron a la directora del CAM no vender los panes hasta después de la hora del receso la venta bajó un poco, aunque se meten a un DIF que está ahí cerca, y venden los pocos que les quedaban.
Lo que venden en la panadería lo utilizan para la escuela; muchas veces van a excursiones y de ahí sacan recursos, también se apoya a los niños con un poco dinero para que vean el valor del trabajo, no es mucho, pero así se sienten incluidos en esta sociedad, se dan cuenta que ellos pueden ganarse un sueldo, como cualquier persona, así lo explica Rosalía Tejeda Figueroa, directora del CAM 14.

El horno sale listo del horno con un olor y un sabor deliciosos.
"Para nosotros es una área laboral de capacitación para los muchachos, es una puerta para poderlos incluir a lo que es lo laboral, a la comunidad, de aquí nosotros los capacitamos para que ellos tengan las herramientas y cuando logren salir del CAM tengan sus habilidades desarrolladas y puedan integrarse en el trabajo dentro de la comunidad", señala.
"Hemos tenido jóvenes que salen con trabajo, aún nos falta mucho trabajo por desarrollar, de más inclusión, abrirles las puertas en más negocios, ya que nos falta mucho que trabajar con la comunidad, y en eso estamos", subraya.
Para la directora que los jóvenes sepan lo que es trabajar desde que estudian es algo que los ayuda a su desarrollo como individuos en esta sociedad, ya que los hace autosuficientes, cosa que es de vital importancia para ellos.
"Influye mucho su desarrollo, como persona. Una discapacidad no es una limitación, pueden estar sin discapacidad sin estudios, y sin embargo nuestros jóvenes que tienen discapacidad han aprendido a hacer muchas cosas y han logrado desarrollarse plenamente"explica.
"Depende también de la discapacidad, también está el contexto familiar, eso influye mucho. Aquí trabajamos muchas áreas, con algunos alumnos damos mucho avance, también depende de la familia, de qué tan bien esté involucrada", agrega.

Rosalía Tejeda Figueroa, directora del CAM 14.

El pan es vendido en escuelas, además de clientes que llegan a la panadería.