La seguridad alimentaria en el mundo sigue siendo un reto incumplido

Miguel Ángel Delgado
24 octubre 2021

En su reporte de “El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2021, Transformación de los sistemas alimentarios en aras de la seguridad alimentaria, una nutrición mejorada y dietas asequibles y saludables para todos”. Menciona que en general, el mundo no ha avanzado hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), dirigida a asegurar el acceso de todas las personas a una alimentación sana, nutritiva y suficiente durante todo el año, ni de la orientada a erradicar todas las formas de malnutrición.

Estas metas no se iban a alcanzar aún antes de que se presentara la pandemia provocada por el Covid-19, pero que, con la crisis sanitaria y económica desatada, se ve todavía más distante alcanzarlas en el corto plazo. Ya que la pandemia sigue revelando deficiencias en nuestros sistemas alimentarios que amenazan la vida y los medios de subsistencia de personas de todo el mundo, sobre todo de las más vulnerables y las que viven en contextos frágiles, particularmente en los países menos desarrollados, pero que no ha sido la excepción en nuestro país.

Del número total de personas subalimentadas en 2020 (768 millones), más de la mitad (418 millones) viven en Asia, y más de un tercio (282 millones) en África, mientras que corresponde a América Latina y el Caribe cerca del 8 por ciento (60 millones). En comparación con 2019, en 2020 padecieron hambre 46 millones de personas más en África, 57 millones más en Asia y unos 14 millones más en América Latina y el Caribe.

Esto aunado que a raíz del elevado costo de las dietas saludables y de la persistencia de los altos niveles de pobreza y desigualdad de ingresos, las dietas saludables siguieron resultando inasequibles para unos 3 000 millones de personas en todas las regiones del mundo. Además, conforme al nuevo análisis realizado en este informe, el hecho de que las dietas saludables sean cada vez menos asequibles se relaciona con mayores niveles de inseguridad alimentaria moderada o grave. Por lo que se refiere a la salud, menciona el reporte que la interacción entre la pandemia, la obesidad y las enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación ha subrayado la urgencia de garantizar el acceso a dietas asequibles y saludables para todos.

Los conflictos, la variabilidad y las condiciones extremas del clima, y las desaceleraciones y debilitamientos de la economía, agravados por la pandemia de la Covid-19, son los factores causantes de los recientes aumentos del hambre y de la desaceleración de los avances en la reducción de todas las formas de malnutrición.

Así pues, el mundo atraviesa una coyuntura crítica, no solo porque debemos superar desafíos de mayor entidad en la labor de erradicación del hambre, la inseguridad alimentaria y todas las formas de malnutrición, sino también porque, al haber quedado ampliamente expuesta la fragilidad de nuestros sistemas alimentarios, tenemos la oportunidad de construir sistemas alimentarios que proporcionen alimentos nutritivos y asequibles para todos y resulten más eficientes, resilientes, inclusivos y sostenibles.

Entre las metas que se deben plantear, el reporte propone que los futuros sistemas alimentarios deben ofrecer medios de vida dignos a quienes trabajan en ellos, en particular a los pequeños productores de los países en desarrollo, que son quienes cosechan, elaboran, envasan, transportan y comercializan nuestros alimentos. Los futuros sistemas alimentarios también deben ser inclusivos y promover la plena participación de los Pueblos Indígenas, las mujeres y los jóvenes.

En función del contexto, se dispone de seis vías que conducen a la transformación de los sistemas alimentarios. En primer lugar, la integración de las políticas humanitarias, de desarrollo y de consolidación de la paz en las zonas afectadas por conflictos. En segundo lugar, la ampliación de la resiliencia climática de los distintos sistemas alimentarios. En tercer lugar, el fortalecimiento de la resiliencia de la población más vulnerable ante las adversidades económicas. En cuarto lugar, la intervención en todas las cadenas de suministro de alimentos para reducir el costo de los alimentos nutritivos. En quinto lugar, la lucha contra la pobreza y las desigualdades estructurales, garantizando que las intervenciones favorezcan a la población pobre y sean inclusivas. Y por último, el fortalecimiento de los entornos alimentarios y la introducción de cambios en el comportamiento de los consumidores para promover hábitos alimentarios con efectos positivos en la salud humana y el medio ambiente.

Finalmente concluye el reporte que la coherencia entre las políticas y las medidas dirigidas a transformar los sistemas alimentarios y entre los propios sistemas, así como los aceleradores transversales, contribuyen de forma destacada a maximizar los beneficios y reducir al mínimo las consecuencias negativas de la transformación por estas seis vías. Se necesitan enfoques de sistemas para conformar carteras coherentes de políticas, inversiones y leyes que redunden en soluciones beneficiosas para todos los involucrados en los sistemas alimentarios.

Fuente: FAO (2021) https://www.fao.org/documents/card/es/c/cb4474es