Librerías México, una historia de casi seis décadas que busca seguir escribiéndose en Culiacán
Entre deudas, recuerdos y una historia de casi seis décadas, Librerías México lanza un último llamado para sobrevivir
La puerta sigue abierta.
En los estantes todavía hay novelas, libros infantiles, textos de historia y algunos ejemplares que han sobrevivido a las devoluciones hechas a las editoriales.
Afuera, sobre la Avenida Álvaro Obregón, la ciudad sigue su ritmo habitual. Adentro, en cambio, se libra una batalla silenciosa.
“Este es un grito de ayuda. Si hay manera de salvarla, hay un compromiso en mi vida, pero si no hay también todo en la vida se acaba”.
Quien habla es Daniela Reyes, encargada de Librerías México, un negocio familiar nacido en Culiacán y que hoy después de 56 años de historia se resiste a bajar la cortina.
Un grito de emergencia
La petición de ayuda difundida en redes sociales no estaba planeada desde hace meses. Surgió apenas un día antes.
“Es como un grito de emergencia”, resume Daniela.
Desde 2020 asumió el control de la librería al detectar una situación financiera delicada. Recortó personal, reorganizó gastos y logró mantener el negocio a flote. Las editoriales le dieron un voto de confianza y durante varios años cumplió con los pagos.
Hasta que dejó de ser suficiente.
Desde hace un año, con el inicio de la crisis de violencia en el Estado, ya no ha podido cubrir los adeudos con las editoriales y la carga económica terminó por rebasar a la librería.
Los libros que regresaron a casa
Los grandes sellos editoriales comenzaron a desaparecer de los anaqueles, pero no porque Daniela dejara de pedirlos, sino porque tuvo que devolver parte del inventario.
Ahora sobreviven títulos infantiles, obras de autores sinaloenses, libros de salud, psicología, esoterismo, legislación y superación personal, una de las áreas que más movimiento mantiene.
“Hemos devuelto porque las editoriales no me están esperando para pagos y necesitamos devolver los libros. Entonces, hemos devuelto”, explica.
La prioridad ya no es crecer. Es resistir.
Una herencia familiar
Librerías México no nació como una franquicia ni como un negocio pensado únicamente para vender libros.
La idea surgió en 1969, apenas un año después del movimiento estudiantil de 1968 y de la matanza de Tlatelolco, en una época en la que la circulación de cierta información todavía encontraba obstáculos y la censura seguía pesando sobre el País.
Fue entonces cuando el padre de Daniela Reyes, junto con otros estudiantes y amigos, comenzó a traer a Culiacán libros que daban cuenta de aquellos acontecimientos, entre ellos las obras de Elena Poniatowska, cuya narrativa permitió a muchos mexicanos conocer versiones y testimonios que difícilmente aparecían en los canales oficiales.
La curiosidad de los lectores hizo crecer el proyecto. Lo que empezó como la venta de libros terminó convirtiéndose en una librería formal que, con los años, llegó a tener cuatro sucursales en la ciudad.
Una de las más recordadas fue la ubicada sobre la Calle Mariano Escobedo. Hoy, la única sobreviviente permanece sobre la Avenida Álvaro Obregón, en el Centro de Culiacán.
“Somos únicos y nacimos en 1969... La librería México de Culiacán es de aquí, nacida aquí, mi papá la inició con sus amigos, sus compadres”, destacó.
La historia también está ligada a Ana María Reyes, tía de Daniela y responsable de mantener viva la librería hasta su fallecimiento en 2010.
“Mi tía la mantenía al 100, de ahí dije, yo: si ella podía yo puedo. Yo le soy leal a la librería. Yo le soy leal a mi papá, que la inició”, recuerda Daniela haber pensado cuando decidió asumir el reto.
Por eso insiste en que su lucha no es únicamente económica.
También es una forma de ser leal a la historia de su familia y a una librería que, desde hace más de medio siglo, ha acompañado a generaciones de lectores sinaloenses.
Los recuerdos que no caben en un inventario
Para Ricardo, uno de tantos lectores que crecieron entre esos estantes, la noticia del posible cierre tiene un peso especial porque ahí comenzó su biblioteca personal.
Cuando estudiaba la preparatoria, cobraba su beca y una parte del dinero terminaba inevitablemente en Librerías México. Después caminaba hasta el Oxxo de la Avenida Leyva Solano, se sentaba y comenzaba a leer.
Así llegaron a sus manos Drácula, La metamorfosis, 1984, Un mundo feliz, las sagas de Los Juegos del Hambre y Juego de Tronos.
“Mi biblioteca la empecé ahí”, recuerda.
Con los años dejó de comprar libros por impulso y comenzó a adquirirlos de manera más específica, muchas veces por internet. Pero la librería seguía representando un punto de referencia.
Por eso le entristece pensar que podría desaparecer.
El enemigo invisible
Daniela no señala a otras librerías como competencia. Para ella, el verdadero cambio llegó cuando las personas se acostumbraron a comprar desde casa.
“Es bien padre pedir un libro y que te llegue a domicilio. Es una maravilla”, reconoce.
Pero también cree que algo se pierde en el proceso, porque una librería no es únicamente un lugar para adquirir un producto, es un espacio para descubrir.
“Creo que los libros nos hablan. A veces uno viene buscando un libro y otro libro te encuentra a ti”.
Vender hasta los recuerdos
La crisis ya alcanzó incluso aquello que durante años formó parte de la identidad del lugar. Daniela colocó a la venta prácticamente todo lo que hay dentro de la librería. No sólo los libros. También muebles, libreros y objetos que han acompañado la historia del negocio.
Entre ellos está un reloj de piso que su padre colocó ahí hace años y que permanece en el mismo sitio desde entonces.
“Él lo puso ahí y ahí lo dejamos”, cuenta.
También hay piezas que guardan un valor sentimental especial. Algunas fueron regalos de amigos y otras forman parte de la memoria familiar que se ha construido entre esos muros.
La decisión no ha sido sencilla. Cada objeto que sale representa una despedida, pero también una oportunidad más para intentar mantener viva la librería.
“Si la librería se mantiene por sí sola, y si la gente ayuda, es un compromiso, pero si no se mantiene por sí sola... que no dejen de leer”, explica.
Y si al final llega el cierre, dice, lo único que pide es que la gente no abandone la lectura.
Porque, para ella, los libros siguen siendo “el conocimiento más orgánico” y una herramienta capaz de dar paz en tiempos difíciles.
Si se acaba, que no se acabe la lectura
Daniela dice que el dinero que entre servirá para una de dos cosas: continuar o cerrar dignamente, cumpliendo con las editoriales a las que todavía les debe.
Lo dice sin dramatismo.
Incluso asegura sentirse en paz, pero hay algo que sí pide: que la gente no deje de leer.
Porque, en medio de una ciudad donde abundan las farmacias y las prisas, sigue creyendo que los libros son otra forma de medicina.
“La tarea de nosotros es ser felices... encontrar a qué venimos y para eso es esta herramienta que son los libros”, asienta.