El Atlético de Madrid se mantiene como líder al vencer 1-0 al Alavés con Suárez y Oblak en plan grande

SinEmbargo.MX
21 marzo 2021

Los colchoneros obtuvieron un triunfo que les permite mantener distancia en la cima de la temporada 2020-2021 de LaLiga

MADRID._ En un momento de inseguridad, alejado como equipo de la versión que propuso en el primer trimestre del curso, Luis Suárez y Jan Oblak son unos recursos incalculables, cuya dimensión cobra una transcendencia indispensable para el Atlético de Madrid ganador contra el Alavés por el goleador uruguayo, certero en un cabezazo, y por el portero esloveno, salvador de penalti (1-0).

Son los dos instantes del partido. El primero, en el minuto 54, con el centro de Kieran Trippier, sensacional por potencia, efecto y dirección, desde la banda derecha para el imparable remate del ‘9’, goleador por decimonovena vez esta Liga, definitivo para el Atlético, como en ocho de las últimas doce victorias de su equipo.

Tan definitivo como lo fue Oblak después, en el minuto 84, con un 1-0 en el marcador, frente a Joselu, en el filo de un empate que habría sido una concesión de impensables consecuencias ante la persecución del Real Madrid y del Barcelona, como lo fue la falta de Savic que provocó ese lanzamiento, repelido por el guardameta, uno de los mejores del mundo, reivindicado con una parada concluyente.

Dos protagonistas, dos jugadas, que marcaron la diferencia de un partido que dominó el Atlético, con una posesión improductiva casi siempre, transformada en nada en los últimos metros, contenido y frustrado por el buen hacer defensivo del Alavés, superado en un momento puntual que sólo hubiera sido eso, quizá, si enfrente no hubiera estado Luis Suárez, el mejor argumento hoy del líder.

Porque el Atlético está en un momento que cuando Facundo Pellistri (un chico de 19 años, cedido por el Manchester United este enero que suma a su rapidez y habilidad un atrevimiento que ni siquiera perdió en un escenario de la magnitud del Metropolitano) desbordó en el minuto 4, cuando Édgar estuvo a punto de rematar o el extremo uruguayo probó su tiro en el 7, a nadie le extrañó.

Tampoco cuando, en el minuto 24, un contragolpe del Alavés terminó en el pase de Pere Pons para el duelo de Joselu frente a Oblak, al que se cruzó, salvador, oportuno, imprescindible, Savic, hoy por hoy el mejor defensa que tiene el Atlético, quizá el único que está a la altura del equipo que comenzó la temporada. Su cruce calmó el susto. Quizá incluso evitó el gol. Hubo otro tiro en el 35 y un centro de Joselu que disparó las alarmas al borde del descanso.

El actual equipo rojiblanco transmite vulnerabilidad. Incluso con el 5-3-2 al que regresó este domingo y que tanto lo reforzó hace unos meses. La descubre más que nunca en los últimos tiempos. Es una de las fisuras del líder. Comparativamente con septiembre, octubre o noviembre, hay más en la estructura del conjunto rojiblanco, que ya no juega ni una parte de lo que jugaba antes, que ya no desborda como lo hacía y que ni crea las ocasiones con constancia como antes.

Lo siente aún más cuando su adversario, hoy el Alavés, se maneja tan bien y aplicado, cuando lo espera, compactado, con una acumulación de futbolistas en sus sectores defensivos que comprimen en un milímetro el acierto o el fallo, una buena entrega o un despeje, que derivan en un atasco del que el Atlético no tiene hoy ni la frescura ni la imaginación ni la determinación de antes, por mucho que este domingo asumiera la iniciativa de principio a fin.

El mejor ejemplo es que, más allá de una mano que reclamó en los primeros instantes (revisada por el VAR y resuelta con la sanción de una falta previa en el salto de Giménez), su primera oportunidad, al menos cercana a tal calificación, fue un centro chut de Savic a la media hora que exigió la intervención de Pacheco. No hubo nada antes del equipo rojiblanco en ataque, más que la improductiva circulación de balón que se queda en nada en cuanto asoma por zonas decisivas.

Luego lo intentó Correa, trompicado como otras tantas veces, desviado en la resolución de su incursión en el área, sin noticias aún de Luis Suárez más que por los fueras de juego. Y eso es un problema para el Atlético. Necesita al ‘9’ uruguayo, tan dependiente como ha sido y es de él cuando el juego no alcanza para mucho más que unas contadas opciones. Lo conoce a la perfección el Alavés, que perdió 1-2 en la primera vuelta porque el goleador surgió al final.

Cuando el atacante uruguayo disfrutó con su primera opción, con un tiro raso que se perdió cerca del poste, allá por el minuto 40, el partido había cambiado, el Alavés ya sentía la imposibilidad de estar siempre en el momento y el sitio justo frente a la insistencia local en la misma medida que el Atlético lo empujaba hacia su área.

Y, cuando eso sucede es un riesgo; estás al filo de cualquier instante de inspiración de uno de los tantos recursos de los que dispone el Atlético. De Trippier, por ejemplo, con su estupendo centro de primeras desde la banda derecha... Y, sobre todo, de Luis Suárez, cuyo cabezazo fue de esos que no admiten duda ni respuesta.

Un alivio para Simeone, una explosión de júbilo para el Atlético, consciente del embrollo en el que estaba, seguro de que estos tres puntos eran esenciales en el esprint por ser campeón, y un impulso para el equipo, que opositó al 2-0 en un remate de Llorente, al que no se le había visto como siempre, con esa llegada hasta entonces, frustrado por la parada de Pacheco, cuyo desvío fue al larguero.

Desde el 1-0, quizá unos instantes antes, había sido otra historia diferente, para el Atlético y para el Alavés, que se encontró con algo que ni intuía; un penalti imprudente de Savic, que soltó el codo con la posesión en su poder, perseguido por Luis Rioja. Avisado por el VAR, lo revisó el árbitro. Y lo señaló. Joselu lanzó y Oblak lo despejó entre el sufrimiento de un líder apurado.