España es el triunfo de la geometría
El sueño francés fue aniquilado por la estrategia española
“Siempre debes tener triángulos para tener dos opciones de pasar el balón”, rezaba Johan Cruyff. Es geometría básica.
Hoy, a la triangulación se le conoce como “encontrar al tercer hombre” o “generar superioridades”, pero siempre ha existido desde aquellos conceptos regados en el futbol español por Cruyff. Desde el neerlandés, pasando por Pep Guardiola, Luis Aragonés, Vicente del Bosque, Luis Enrique, hasta llegar a Luis de la Fuente, España ha sido eso: el triunfo de la geometría. Y, en esta ocasión, la victoria del futbol ante Francia (2-0).
La Selección de España jugará su segunda final en un Mundial porque no ha negociado el estilo. Si muere, lo hace abrazada al balón. Si gana, también.
España guarda la pelota en una caja fuerte. La combinación para abrirla, precisamente, es la combinación de pases. Como solo hay una pelota, La Furia se defiende y ataca con ella. “Si nosotros tenemos el balón, ellos no pueden marcar”. Siempre Johan.
No es que los españoles tengan la pelota por tenerla. Es que saben qué hacer cuando la tienen. Eliminar al favorito, por ejemplo.
Sucede que Francia jugó el peor partido posible en el peor momento disponible. Fue una calca consumida en la opacidad de lo mostrado en el Mundial. Su futbol fue reducido a eso: a una posibilidad.
Una constelación luminosa conformada por Dembélé, Olise, Mbappé, Barcola, Doué, Cherki y compañía entendió que, en el futbol, o ganas como equipo o mueres como individual. Francia no fue una orquesta. Fue algo más similar a un violinista saliéndose del coro, haciendo de sus esfuerzos un solo.
Pero eso poco le importó a Mikel Oyarzabal: el delantero que tiene cara de detective. Tiene piocha y le falta la pipa. Oyarzabal es como un incógnito que resuelve misterios a través del gol. Con su quinto del Mundial, desde el punto penal.
El delantero de la Real Sociedad cambió por anotación una pena máxima provocada por la pericia de Lamine Yamal. Mikel le tatuó toda la agujeta izquierda a un balón cruzado a perfil natural.
Francia sentía el golpe como se siente un choque inesperado. Pero aunque los españoles ganaban, siempre existía esa sensación de vértigo que solo se siente cuando te asomas de un piso 15 o cuando Mbappé juega a campo abierto.
Pero La Furia también trabajó eso: Mbappé se ahogó en una catarata de fueras de lugar. Una y otra vez quedó expuesto al espacio con la inequívoca evidencia del video.
Si los de Luis de la Fuente tenían un imán en el botín, los de Didier Deschamps tenían turbinas. Pero el fuelle dura lo mismo que dura la motivación. Y los franceses estaban deprimidos. Y oprimidos.
No es que solo los galos fueran menos. Es que los españoles fueron mucho más.
Dembélé, por ejemplo, nunca encontró su perfil. Y eso que tiene dos. Olise, perseguido por todos los clubes del mundo, esta vez fue un truco sin cartas y Mbappé fue lo que ha sido en el Real Madrid: la anarquía hecha futbolista.
Porque no se necesita ser el mejor en tu posición para ser el mejor en un partido, el lateral izquierdo, Pedro Porro, ejerció de centro delantero cuando las cosas se tornaron definitivas. De esa manera, levó anclas y se incrustó en el núcleo del área, como quien se pone un peine a manera de bigote para no ser reconocido. Así, edificando una pared con Dani Olmo, se internó en el área. En ese sitio, donde se tiene un segundo menos para pensar y donde a algunos se les aceleran las pulsaciones, a Porro le bajaron cuando definió como si jugara de ‘9’. Así ajustó la pelota con la parte interna del pie izquierdo hacia la eternidad.
Hay partidos que se pierden antes de perderlos. Usualmente, son aquellos en los que creías que ganarías tranquilamente o que competirías permanentemente. Cuando la realidad retrata lo opuesto, existen dos opciones: que chute el carácter o que el temperamento no haya jugado.
A Mbappé y su séquito les sucedió lo segundo. Al verse tan superados, no es que hayan sacado la bandera blanca, pero sí que prefirieron no honrar la suya.
De esa forma, diluidos en agua tibia, conocieron que en el futbol, muchas ocasiones, se gana sabiendo contar. España sabe hacerlo. Juegan once contra once, pero siempre tienen un hombre libre que hace parecer que juegan con un hombre más. No es eso. Es que juegan en triángulos. Es, sencillamente, el triunfo de la geometría. (Autor: Felipe Morales)