Bajo el microscopio

08 noviembre 2015

""A 10 mil pesos la mentada""

Eduardo Brizio




El pacto de respeto a la autoridad en el campo de juego es letra muerta. Las agresiones verbales imperan, pero una multa lo soluciona todo

En un futbol sin memoria, hoy hace un buen día para recordar que, no hace mucho tiempo, con bombo y platillo se anunció la firma del pacto de respeto a la autoridad, en la que la gran familia del futbol mexicano se comprometía fehacientemente a acatar con sumisión las decisiones que tomaran sobre el terreno los hombres de negro, amén de respetar las reglas de juego y de urbanidad que rigen la convivencia universal.
A partir de ese día, tal y como era predecible, las violaciones al "tratado", en un núcleo formado esencialmente por gente pendenciera y carente de educación, han sido la constante, ante la complacencia de propios y extraños.
El pasado fin de semana, tocó el turno al defensa argentino del Atlas, Fabricio Fuentes, quien tuvo el mal tino de afirmar que en el partido que perdió su equipo frente a Monarcas "todo estaba arreglado para que Jared Borgetti anotara el gol que igualaría a José Saturnino Cardozo como el segundo mejor goleador de la historia del balompié nacional", culpando (impunemente) al silbante Paúl Delgadillo de esta situación.
Ahora, fue Tomás Boy, director técnico de Monarcas, quien ante la impotencia de ver cómo La Máquina celeste los derrotaba en el último minuto, arremetió contra el árbitro Germán Arredondo, culpándolo de que permitió a los cementeros repartir leña a más no poder y que Israel López había cometido 10 faltas. ¡Miente! Cruz Azul cometió solamente 11 infracciones durante el encuentro y Monarcas 17. Igualmente, el trabajo del nazareno, fue razonablemente bueno.
Lo más triste de todo esto, es que, por un lado la opinión pública, lejos de condenar estas actitudes violatorias del juego limpio, las tolera y por el otro, las autoridades (in) competentes, encargadas de velar por el bienestar y salud de nuestro querido deporte, permanecen impávidos. De los árbitros… ya ni hablamos.
Recordemos que el reglamento de sanciones señala que la Comisión Disciplinaria puede actuar de oficio cuando existan declaraciones peyorativas u ofensivas contra alguno de sus agremiados. Lamentablemente, el estatuto menciona que si el ofensor (saca su cámara y) se retracta de sus aseveraciones originales, realizadas al ardor de la derrota, la sanción queda sin efecto.
Del mismo modo, el castigo es de risa loca, ya que se trata de una multa económica, que puede ir desde los 200, hasta los 10 mil días de salario mínimo.
"Pásele, bara bara... a 10 mil pesos la mentada".