El Fanático

Gerardo Osornio
15 mayo 2017

"Javier"

DATO DEL DIA: Nunca supe si a Javier Valdez le gustaban los deportes y menos alguno en especial, pero decenas de veces, cuando tuve la oportunidad de saludarlo, me dijo “¿Cómo va la NFL?” y una vez me comentó que un campeonato de los Tomateros siempre le daba un aire fresco y nostálgico a Culiacán, la ciudad que tanto quería.
INFAMIA. No voy a hacer un reclamo a las autoridades por su enorme ineficacia que ayer le costó la vida a un ser humano valioso, tampoco voy a decir que nuestra ciudad, como sociedad, hoy paga el precio de haber vendido muy barata su alma al diablo al abrirle la puerta al narcotráfico, más bien voy a hablar brevemente de Javier Valdez, el ser humano.
Aunque no creo que me haya considerado su amigo íntimo, siempre me trató como si lo fuera, en las cientos de ocasiones en las que en trabajos como compañeros o simples ciudadanos deambulando por la ciudad nos encontramos, y cada una de esas veces destacaba su saludo sincero, y sus preguntas honestas acerca de nuestro estado de salud, la familia y el trabajo, algo que estoy seguro que miles en esta ciudad vivieron con Javier.
En las redes sociales coincidimos decenas de veces en puntos de vista, desde lo político hasta los gustos musicales, que para Javier siempre resultaba una sorpresa que en gran medida nos gustara la misma música, lo que lo hacía siempre para mí más entrañable.
Alguna vez, una persona a la que quiero mucho, regresaba sin trabajo de un intento por instalarse por la capital del país, y por coincidencia platicando con esa persona nos encontramos a Javier, al que comenté la situación de mi amistad y él, de inmediato se ofreció a platicar de una oportunidad de empleo y amablemente dijo que al margen de la experiencia de aquella persona en el mundo periodístico, lo que contaba era mi aval.
Sólo leí uno de sus libros sobre el narcotráfico, porque no es un tema que me agrade, pero me di cuenta que lo que para muchos era un chisme y para otros una mina de oro bastante despreciable, para Javier el asunto era serio porque afectaba a la ciudad donde vivía, a su país y al futuro de su familia, y la muestra de tal era el tratamiento periodístico que daba a cada caso y la maestría con la que a través de las letras lo denunciaba y buscaba ayudar a que esta sociedad mejorara.
Su primer libro si mal no recuerdo fue “De Azoteas y Olvidos”, un compendio de crónicas urbanas entrañables, y aunque mi ejemplar lo presté y nunca me lo regresaron, recuerdo con gusto y tuve la oportunidad de decírselo, dos cuentos en especial, uno creo se llamaba El Taco de Tres Tortillas, que dejaba claro el enorme sentido de humanidad y el gran ser humano que era Javier, el otro era sobre un mujerón que trabajó en el tianguis Eureka y que alegró el ojo de miles de culichis durante años.
Nada va a regresar a Javier Valdéz, sólo me queda guardar su ejemplo de gran ser humano que era en mi memoria y darle un abrazo con el corazón a su esposa y a los Morros, como él llamaba amorosamente a sus hijos. El viernes tendremos deportes. Gracias.