América regresó para continuar el legado de su padre, en la panadería

Carolina Tiznado
05 agosto 2026

Ahora América le enseña a sus hijos el valor de una historia que comenzó en tiempos de crisis

ESCUINAPA._ No había nacido cuando la historia de “Panadería América” ya había iniciado, un legado que hoy, América Aguilar Lizárraga continúa apoyada por su padre Segundo Aguilar.

América, quién vivió un tiempo fuera y pensó que su vida no estaría en la ciudad, regresó para continuar el legado y enseñar a sus hijos el valor de una historia que inició en tiempos de crisis, de un oficio aprendido por Segundo, al quedar huérfano de madre y emigrar a Sonora dónde un tío le enseño el oficio de panadero.

“Desde el año 71 estamos en funciones, mi papá fue una persona que emigró al estado de Sonora, a él le falleció su mamá cuando tenía 9 años y tuvo que partir a Sonora con un tío, el tío era panadero y el tío le enseño a trabajar la panadería”, expresa América.

Su vida se fue forjando entre Sinaloa y Sonora, indica, conoce a la que se convertiría en su esposa, se pone a trabajar en una panadería local, nace el primer hijo y deciden tener su propio negocio, ofreciendo el producto a tiendas y fue creciendo el negocio.

“Yo cuando nací ya era panadería pero nace América y le ponen ‘Panadería América’ y ahora yo soy su ayudante”, expresa buscando no demeritar el trabajo de su padre de 85 años.

Desde hace 6 años, ella tomó la batuta del negocio, la producción de pan y don Segundo le apoya en actividades que no requieren esfuerzo.

Su jornada inicia a las 5 de la mañana, indica, terminando entre las 15:00 y 16:00 horas, el pan preferido es el de queso, un pan que nació por su hermano mayor.

Él estuvo fuera del país, su labor estaba en una panadería, ahí aprendió hacer este pan, con queso y chile, esto dio identidad a la panadería.

América, quien estudió la Licenciatura en Trabajo Social, encontró al término de su carrera profesional el gusto por la repostería y laboró con alguien que hacía pasteles.

Emigró a Estados Unidos, después de un tiempo, cuando don Segundo enferma y la edad trae consigo otras situaciones de salud, es cuando decide regresar, empieza a ayudarles con el negocio y hace 6 años se hace cargo de manera completa.

Este es un oficio y negocio que le permite compartir con su padre el día a día, pues son ellos elaborando el pan, no hay otros empleados, la labor la combina con vender comida o hacer comidas para fiestas.

Sus hijos, considera, no continuarán con su legado, aunque a su hijo si le gusta el arte de cocinar pero no la panadería.

“A mí me gusta la cocina, la panadería... aunque en este calor sí hay días en que quisiera rajarme la verdad, es horrible estar en el horno, le pido a los clientes que valoren el trabajo”, dice mientras termina de elaborar el pan.