Tiene Ma. Inés 57 años consagrada a amar y reparar el Corazón de Jesús
Ma. Inés ingresó a los 17 años en la congregación “Familia de Corde Jesús” donde se preparó para el resto de su vida
EL ROSARIO._ Son ya 57 años de la respuesta generosa de Ma Inés Martínez Ávila al llamado a la vida religiosa cuando decidió ingresar, a los 17 años, a la congregación “Familia de Corde Jesús”, que la he llevado a recorrer un largo camino como alma reparadora desde el apostolado de la educación.
Así lo dio a conocer la religiosa al renovar sus votos durante la fiesta dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, junto a sus hermanas en la comunidad que se encuentra en El Rosario, por medio de un colegio.
“Al día de hoy pues muy contenta de pertenecerle a Dios y siempre hay dificultades, las dificultades no se acaban nunca, pero los seis años de prueba me hicieron afirmarme a mi vocación, o sea estar segura”, dijo.
Con una sonrisa, reconoce que al expresar que son más de 50 años de vida religiosa no lo había dimensionado, pero para ella la clave de su permanencia ha sido siempre la oración, así como también la guía de sus directores espirituales.
Originaria de Río Verde, San Luis Potosí, Ma. Inés, hija de los señores Inés Ávila y Febronio Martínez, aseguró que fue tras migrar a San Diego de la Unión, Guanajuato, al formar parte del grupo “Hijas de María”, que sintió el llamado y buscó acompañamiento con las hermanas quienes tienen un colegio en el pueblo.
“Se me vino a la mente y al corazón que yo quería ser religiosa de las del colegio de la madre que me atendió que se llamaba Delfina López, que en paz descanse, ella me orientó”.
Recordó que tras el discernimiento pidió su ingreso a la congregación que al español se traduce como “Familia que brotó del corazón de Jesús”, cuyo carisma o misión es “Amor y Reparación” al Corazón de Jesús.
En lo que respecta a la respuesta de la familia, manifestó que contó con el apoyo, quienes veían en una vocación una bendición, no sin antes recibir consejos de su madre sobre todo a la responsabilidad que implicaba seguir a Jesús.
Narró que al ingreso a la casa central ubicada en Irapuato, Guanajuato, inició su formación que consta de las etapas de postulado, noviciado, votos temporales los cuales suman un total de 12 años.
Al contar su familia religiosa con apostolados concretos, como enfermería, misión, vida contemplativa y educación, optó por esta última labor.
“(Elegí) porque a mi me gustan los niños, y este fui muy feliz con los que me tocó trabajar. También porque hay variedad de lugares y así uno no se aburre, no se cansa”, comentó.
Todo estos años que ha dado de su vida, concluyó ha sido un aprendizaje de amor, para reparar los pecados que sufre el Corazón de Jesús, iniciando con los propios.