Conciencia
08 noviembre 2015
"El tiempo"
Muchos de nosotros tomamos el inicio de un nuevo año como punto de partida para emprender planes y llenarnos de nuevos propósitos. Están también aquellos que lo hacen a partir de un nuevo suceso: una nueva relación, un matrimonio, el término de estudios, cambio de residencia, o quienes lo hacen cada vez que inicia una semana, o incluso un nuevo día.Lo anterior podría explicar que existe algo que marca un antes y un después en todas las actividades que realizamos a lo largo de nuestra vida, algo que llamamos tiempo. Concientes o no de ello, el tiempo nos detiene o nos empuja, nos estresa o nos da tranquilidad. Sin querer, el tiempo es una palabra que mencionamos varias veces en un día y que nos hace hablar de un presente, un pasado y un futuro.
Como inicio de año tomo íntegro un texto del libro Momo de Michael Ende que habla del tiempo y que sugiere una reflexión del ritmo de vida acelerado y loco en el que nos vamos envolviendo todas las personas. Cuando pretendemos ahorrar tiempo, ¿realmente lo ahorramos?, qué hacemos con el supuesto tiempo ganado, cuándo y cómo lo vamos a usar, pero algo más importante ¿qué dejamos de hacer para salvar el tiempo?
"Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa en ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa en el tiempo.
Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, para en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora. Porque el tiempo es vida y la vida reside en el corazón.
Y nadie lo sabía tan bien, precisamente, como los hombres grises. Nadie sabía apreciar también el valor de una hora, de un minuto, de un segundo de vida, como ellos. Claro que lo apreciaban a su manera, como las sanguijuelas aprecian la sangre, y así ellos actuaban.
Ellos habían hecho sus planes con el tiempo de los hombres. Eran planes trazados muy cuidadosamente y con gran previsión. Lo más importante era que nadie prestara atención a sus actividades. Se habían incrustado en la vida de la gran ciudad y de sus habitantes sin llamar la atención. Paso a paso, sin que nadie se diera cuenta, continuaban su invasión y tomaban posesión de los hombres.
Se escuchaban distintos lamentos de aquellos que querían vivir de verdad, pues consideraban que su vida era todo un error; se imaginaban que vivir de verdad era algo importante, algo muy lujoso, tal como lo veían en las revistas.
Diariamente se explicaban por radio, televisión y en los periódicos las ventajas de nuevos inventos que ahorraban tiempo, que, en un día, regalarían a los hombres la libertad para la "vida de verdad".
Por todos lados se veían letreros que decían: Los ahorradores de tiempo viven mejor; los ahorradores de tiempo son dueños del futuro; cambia tu vida, ahorra tiempo.
Pero la realidad era otra. Es cierto que los ahorradores de tiempo iban mejor vestidos que los demás. Pero tenían caras desagradables, cansadas o amargadas y ojos antipáticos. Ellos no tenían a nadie que pudiera escucharlos, ni incluso ellos mismos. No toleraban el silencio, pues tenían miedo de escuchar lo que intuían que estaba ocurriendo en sus vidas. Por eso hacían ruido siempre que los amenazaba el silencio, un ruido que día a día hacía más ruidosa la ciudad.
El que a uno le gustara su trabajo y lo hiciera con amor no importaba; al contrario, eso sólo entretenía. Lo más importante era que se hiciera el máximo trabajo en el mínimo tiempo. Nadie se daba cuenta de que, al ahorra tiempo en realidad ahorraban otra cosa. Nadie quería darse cuenta de que su vida se volvía cada vez más pobre, más monótona y más fría. Los que lo sentían eran los niños, pues para ellos nadie tenía tiempo. Pero el tiempo es vida y la vida reside en el corazón. Y cuanto más ahorraba de esto la gente, menos tenía.
¡Feliz año nuevo!
Comentarios: mjuliaa@hotmail.com