Da Juan José Rodríguez voz femenina al mundo del narco
"Ponerse en el lugar de una mujer sinaloense, reto y aprendizaje al escribir su nueva novela"
Leda Garrido
“Muchas buchonas no se dan cuenta que lo son, o no lo aceptan, porque tienen una amiga que es más buchona que ellas”, esa es una de las frases de Carolina Lobo, la protagonista de “Lady Metralla. Una novela de buchonas”, la nueva obra del escritor mazatleco Juan José Rodríguez, con la que no sólo aborda el mundo del narcotráfico, sino también entra de lleno al de las mujeres.
“Me atrae mucho el entorno, el personaje femenino. Pertenezco a una generación que nació después de la llamada liberación femenina; ya nadie usa esa palabra, ahora hablamos de los derechos de la mujer”, comparte el escritor, apenas unos días después del lanzamiento internacional de la que es su séptima novela.
Juan José Rodríguez presenta a su protagonista, “Carolina Lobo” (ella tiene una camioneta Lobo), una mujer sinaloense que vive en Culiacán, que llega al narcotráfico sin querer, cuando a su cibercafé va un hombre a hacer transferencias económicas que terminan siendo lavado de dinero, y ella lo ayuda a hacerlo.
Ella va desarrollándose, empieza a vender joyas con un hombre que también vende “otras cosas”. Sin darse cuenta, ella queda atrapada, seducida, por un joven que va ascendiendo en la carrera, le dicen “El Rojo” y llega a ser su esposo. Él es parte de esa generación nueva, es alguien que estudió una carrera, que sabe de finanzas y se dedica a ejercer sus conocimientos como cabeza visible.
“No está inspirado en alguien en particular, es un fenómeno reciente, los que son juniors-juniors y los que han formado una carrera.
Vemos cómo Carolina, va ascendiendo vía el matrimonio y va entrando a ese mundo en primera fila, en lo que él sube, ella también, y se va transformando, se confronta, y con eso vemos muchas cosas que todos hemos escuchado en las familias (respecto al mundo de las buchonas)”.
- ¿Esta es la primera novela en la que abordas el tema del narcotráfico?
“Mi nombre es Casablanca, que se publicó en el 2003, narra un tema que ahora es muy común, la ciudades tomadas y las guerras que calentaron la plaza. En aquel tiempo no era muy comun eso, hoy ya la gente está enteradísima, ahora habría que actualizarla con más violencia. Esa fue la primera vez que toqué el tema.
Pero en esta otra, el tema sí ocurre en ese mundo, pero más que nada en la sociedad sinaloense, en lo que hacemos nosotros, porque es muy fácil satanizar el fenómeno o idealizarlo. En esos puntos nos movemos todos como expectadores o participantes de ese fenómeno global (narcotráfico-buchonas)”.

- ¿El narcotráfico crea a las buchonas o ellas nacen por sí solas?
“Las dos cosas, pero también digamos que es un efecto de cómo nuestra sociedad ha creado esas mujeres que han nacido en ese entorno, o que lo buscan desde fuera, como una forma de superación o de asumirse como parte de una tribu. Hay que entender también, y lo manejo en la novela, que muchas personas que han nacido con familiares involucrados al fenómeno del narco, no pueden salir aunque quieran, porque una parte de la sociedad las rechaza. Y quise tomar esas dos partes, uno puede decir pues qué padre, que se pongan a trabajar o que dejen, pero a veces nadie les da trabajo, no pueden salir”.
Si de por sí es complicado el ascenso social en México, destaca el escritor, lo es más para quien nació en ese entorno o tiene familiares cercanos inmersos en él.
“Eso quise narrar también, la forma en que todos prejuzgamos o condenamos a quienes provienen de ese mundo, y no necesariamente hayan estado participando. Es que lamentablemente les ha faltado un punto de referencia, un punto de equilibrio. En regiones aisladas, quizá si hubieran más carreteras, más comunicación, habría hasta mejores formas de ganarse la vida. El fenómeno existe también porque estamos junto al mercado de consumidores más grande del mundo. Eso también lo ha provocado”.
- ¿Qué hiciste para meterte más en el tema?
“Yo hablé con muchas amigas, con muchas personas que leyeron la novela y me aconsejaron. Creo que sí se me da el hablar como mujer, que no es fácil, las mujeres descubren cuando un hombre está haciendo la labor de ventrilocuo”, comparte Juan José Rodríguez.
Ser el segundo de cuatro hijos, él el único varón, haber crecido rodeado de muchas mujeres, considera él que le dio la sensibilidad y el conocimiento para poder identificarse con su parte femenina y hablar en nombre de su personaje.
“Yo conviví con muchas mujeres en mi familia, estudié Ciencias de la Comunicación, con una comunidad de muchas mujeres, para mí ha sido muy grato y sano entendimiento, estar en contacto con la otra parte de nosotros”.
Y sí, la mujer es un tema que no ha desdeñado, acepta, y aunque ha tenido novelas en las que el personaje es masculino, siempre hay una mujer que equilibra.
“Me han acusado de ser un novelista romántico emboscado, oculto, clandestino, que sin querer hago novelas que son policiacas y acaban siendo de amor”, bromea.
Narrada a manera de monólogo, “Lady Metralla. Una novela de buchonas”, también surge a partir de la influencia de varias escritoras cuyas obras poblaron el librero del escritor desde su adolescencia: Ángeles Mastretta, Rosario Castellanos, Elena Poniatowska. Este entrenamiento le sirvió para hoy dar voz y vida a “Carolina”.
- ‘Por eso en esta novela eres “más mujer” que nunca?.
“Así es, porque está hablando ella (‘Carolina’). Novelas como ‘Arráncame la vida’ de Ángeles Mastretta, ‘Hasta no verte Jesús mío’, que son mujeres que hablan. Rosario castellanos también me gusta mucho, ‘Balún Kanan’. Yo me formé leyendo esas novelas, Poniatowska, y hay más novelas hechas por mujeres mexicanas que me han marcado. Esta novela aspira a ese tono femenino confidencial. Literatura confidencial”.
Él siente que las mujeres que la lean se van a divertir, se van a sentir identificadas, sea cual sea su formación social y la opinión que tengan sobre el fenómeno de las buchonas y el narcotráfico.
“Creo que eso es lo que debe dar la literatura, aspirar a ser imparcial y que la gente encuentre. Como te digo, no satanizo, no justifico, yo lo pongo por escrito. Yo quería como sinaloense contar nuestra versión, nuestra parte, porque lo que se cuenta de Sinaloa, de las mujeres que están ahí, es otra versión y hay algo más allá de cirugías plásticas, brillitos o ser la pareja de alguien, también están ellas mismas atrapadas y luchando por ser ellas mismas, mantener a su familia”, refiere.

- ¿Aprendiste algo nuevo al estar nutriéndote para esa novela?
“Mi formación básica es del periodismo, soy comunicólogo. Una de las reglas del periodismo es ponerse en lugar del otro, y he procurado siempre hacer eso cuando hago un personaje o analizo un fenómeno, ponerme en los zapatos de la otra persona y ver su situación, y eso, más que revelarme, casi casi se armó sola, porque uno va armando cabos y es un proceso natural de muchas personas”.
Confiesa que otra de sus influencias fue Charles Dickens, quien en una de sus historias muestra a un huérfano ante las tumbas de sus padres, escena que retoma para Carolina, hecho que la marca de muchas maneras.
“Es diferente contexto, pero hablo de ese fenómeno, de la orfandad y cómo pertenecer a algo más grande que tú, que te hace creer que es tu familia. Hay gente que escoge su familia, que tiene la familia física y a veces escoge otra, empieza a convivir, los hace parientes y se olvida de la otra, por seguridad o sangronada.
La protagonista, relata, se asume, crece, y cuando hay contradicciones y ve su vida en peligro, toma decisiones. En su obra no hay condena ni idealización.
- ¿Hay una tendencia entre las editoriales de preferir el tema del narcotráfico? ¿Te dicen de qué tema escribir, el que sea popular en el momento?
“Mira, el tema es inevitable por lo que estamos viviendo, y no es amarillismo ni sensacionalismo. Yo sí recibí la invitación de la editorial, concretamente de mi editora, que es mazatleca; pero lo que me impulsó a escribirla es que yo quería decir lo que como sinaloenses debemos decir, porque hay muchos lugares, fuera y dentro del País, donde nos encasillan de ciertas formas que muchas veces no somos. Hay gente que viene a Mazatlán y pregunta por qué no comemos tortillas de harina, pues no estamos en Hermosillo; nos preguntan por los güercos, momento, no somos como El Piporro y yo quería poner muchos puntos en su lugar de lo que es ser sinaloense. Mi novela quise que fuera muy sinaloense, que mostrara cómo se dan las cosas aquí con nosotros y entre nosotros.

- ¿Hay diferentes tipos de buchonas, dependiendo de su origen, Culiacán, Mazatlán?
“Digamos que es como los llamados hipsters, es una forma de ser que varía según la persona y su gusto. No todas se ponen la misma cantidad de brillitos, las mazatlecas hasta el momento no se han operado tan fuertemente como en otras ciudades, las cirugías aquí son un poco más discretas. Como dijo una amiga escritora: tan bonito cuerpo de las sinaloenses y los echan a perder exagerándolos”, detalla.
Desde su punto de vista, cree que cada buchona es así y muchas no se dan cuenta de que lo son.
“No se dan cuenta de que son buchonas porque siempre tienen una amiga que es más buchona que ellas, y esa es la buchona del grupo. Lo dice ella mi protagonista”, comparte.
Y lo sorprendente es que esta tendencia buchona está presente en muchas otras áreas, señala, incluso en el arte, y pone como ejemplo su experiencia al coordinar un premio de pintura. Le tocó atender a los jurados.
“Uno de ellos me dijo que varios cuadros eran muy buenos, pero estaban muy exagerados los colores, que los brillos y los tonos eran muy desaforados, hasta me mostró un cuadro que la cuarta parte del cuadro era muy buena y hubiera ganado el premio. ¿A qué voy?, que hasta la estética esa se ha pasado a las artes plásticas, a las artes visuales de academia”.
Prueba de lo anterior es la socialización de la palabra buchona, que ya es entendido y hasta utilizado en todo el país.
“Se usa tanto que en mi novela lleva así, definitivamente, el adjetivo: una novela de buchonas. Hasta mi agente española, Antonia Kerrigan Miró, se la di a leer al último a ella y dice que sí lo entendió.
Y ese no fue el único sinaloismo que incluyó en su novela.
“Procuré que hubieran palabras nuestras, porque nuestra labor como escritores es rescatar el léxico, el lenguaje, la forma de ser. Algunos le critican eso a Pérez Reverte, que hizo demasiada culta y neutral a La Reina del Sur”.
- Pero él es español.
“Así es, y acabó siendo más fenómeno la serie de televisión que la novela misma, con Kate del Castillo”.
- Cada vez que escribes un libro, hay algo que te deja, una enseñanza.
Todo libro es un viaje y un aprendizaje, uno no es el mismo después de crear y estar con un personaje. Fue un reto hablar como una mujer. No hay que ser muy ingenuo, ni muy vivo, lo que aprendí fue a ponerme en el lugar de esas damas que les ha tocado vivir esa vida, y a veces están atrapadas en ella por muchos motivos. No es fácil romper con tu familia, con tus valores, con la gente que te ha apoyado, sin que ellas se sientan traicionadas o a sí mismas. Es un reto muy grande”.
Insisto, no es un libro de denuncia, ni tampoco de condena. Yo pongo el suceso y el lector que haga su conclusión, yo no pongo la moraleja, narro la historia”.