Danzonera y Dulce Danzón celebran tres años de tradición y música

Noroeste/Redacción
21 marzo 2026

La presentación reunió dos fuerzas que dialogan de manera natural: la música en vivo y la comunidad que la baila

El callejón Liverpool se llenó de cadencia, memoria y alegría con la presentación de Danzonera, agrupación integrada por maestros del Centro Municipal de las Artes, en una jornada especial de ArtWalk que sirvió para celebrar el tercer aniversario de Dulce Danzón, grupo que desde hace tres años mantiene vivo en Mazatlán el gusto por este elegante género bailable.

La presentación reunió dos fuerzas que dialogan de manera natural: la música en vivo y la comunidad que la baila. Por un lado, Danzonera mostró una propuesta musical fresca, cuidada y respetuosa de la tradición; y Dulce Danzón confirmó que este género es una práctica viva, afectiva y necesaria para quienes encuentran en él, belleza, convivencia y bienestar.

Integrada por Frida Fernández, en la flauta; Eduardo Galicia, en sax alto; Israel Aragón, en sax alto y clarinete; Sebastián Cedillo y Javier Ochoa, en las trompetas; Juan C. Chavarría, en el trombón; Daniel Sánchez, en el bajo eléctrico; y Max Carreón, en los timbales, la agrupación dejó ver una sonoridad compacta, elegante y llena de matices, capaz de sostener con firmeza la esencia del danzón y al mismo tiempo abrir espacio para una interpretación fresca y dinámica.

El maestro percusionista Max Carreón expresó que Danzonera nace de la inquietud compartida entre músicos y maestros del CMA y de Camerata Mazatlán, quienes buscaron abrir un nuevo espacio para el danzón a partir de la experiencia musical de sus propios contextos. El resultado es un formato que, sin ser una gran danzonera tradicional, funciona como una pequeña banda sinfónica con identidad propia: maderas, metales, percusiones y el uso del bajo eléctrico como un elemento moderno que aporta una sonoridad distinta.

Explicó que el grupo interpreta danzón cubano y mexicano, con repertorio proveniente de diversas raíces y estados del país, con una libertad artística que permite incorporar improvisaciones, arreglos, aportaciones personales y decisiones colectivas.

Esa libertad se percibió claramente en el escenario. Las interpretaciones tuvieron soltura, frescura y un goce visible entre los músicos, quienes, según explicó el propio maestro, comparten el trabajo musical, y una relación de compañerismo y amistad que vuelve más relajado y orgánico el proceso de ensayo y ejecución. Esa atmósfera se tradujo en una presentación viva, con momentos de delicadeza melódica y otros de impulso rítmico, siempre sostenidos por la elegancia característica del género.

La belleza melódica de los danzones interpretados fue uno de los grandes encantos de la tarde. Obras como “Nereidas”, “Blanca Estela”, “Norma de Guadalajara”, “Champotón”, “Mago del trombón”, “Almendra”, “Salón México”, “Juárez”, “Danzones de Lara” y “Mi consuelo es amarte” tejieron una atmósfera de refinamiento, nostalgia y alegría serena. Cada pieza dejó escuchar esa arquitectura melódica tan particular del danzón: frases distinguidas, giros envolventes y una cadencia que invita a escuchar y observar el desplazamiento armonioso del baile.

Eloísa Ayala Suárez, figura pionera del danzón en Mazatlán explicó que cada jueves se reúnen a bailar en ese espacio y en la plazuela Zaragoza. La mayoría de quienes hoy bailan danzón en Mazatlán han sido sus alumnos.

Destacó que el danzón fomenta la amistad y el sentido de comunidad, beneficia al cuerpo y a la mente.

Danzonera, añadió, ha sido una propuesta “fabulosa” una novedad hecha realidad tras muchos años de enseñanza y promoción del género en el puerto. Además es la primera vez que a su grupo le toca bailar con una orquesta en vivo, experiencia que han disfrutado intensamente y que aporta una nueva dimensión a su práctica danzonera.