De un corazón de piedra a uno de carne
La forma de vida colectiva puede endurecer o ablandar el corazón, la violencia viene de la dureza del corazón multiplicada. Una sociedad cordial busca la paz.
Los individuos y las naciones
Desde la adolescencia al leer diversas historias del siglo XX intuí que el comportamiento de las naciones y de sus líderes se parece en parte al comportamiento individual de las personas.
Finalmente las naciones y las personas, colectiva e individualmente, están regidas por la misma condición humana, aderezada con las particularidades que hacen distinto y único a cada país como a cada persona.
El núcleo interior
Y en el núcleo más entrañable de la condición humana se encuentra lo que se llama desde la antigüedad el corazón, el centro donde convergen los sentimientos, los afectos, los pensamientos, las pasiones, la voluntad, las creencias. De tal manera que lo que sucede en el corazón se manifiesta dentro y fuera del individuo y se refleja multiplicado en la comunidad donde vive.
Y más al fondo como lo expresó Maurice Blondel en su libro sobre “La Acción” sucede que “entre lo que sé, entre lo que quiero, lo que siento... y lo que hago, puede resultar algo inexplicable y desconcertante”.
Estamos ante la esencia del drama humano iluminado por los reflectores, en cada uno de nosotros ese drama puede convertirse en una epopeya o en una tragedia, puede hacer grandioso u odioso el día o la reunión, dependiendo del diálogo de nuestra intimidad con el libre albedrío.
¿Qué tipo de corazón quieres?
Así ese corazón puede endurecerse como uno de piedra o enternecerse como uno de carne, puede abrirse a la verdad y al bien o cerrarse en su necedad, volverse soberbio o ser humilde.
Puede ser egoísta o abrirse a los demás, ser indiferente ante el dolor ajeno o volverse compasivo y misericordioso; elevarse en la virtud o caer en el vicio, quedarse atrapado en el dolor y en la afrenta, resentido, amargándose, o liberarse perdonando y volver a amar sinceramente.
La dureza del corazón es más importante de lo que podemos sospechar afecta en muchos sentidos:
En el intelecto y en la voluntad
Pega en la cabeza al aceptar o cegarse ante las evidencias, porque viendo no ve, oyendo no escucha; ofusca el sentido común, juzga en vez de comprender al otro, se cree superior o despreciable; los vicios de cualquier tipo y la mala conducta arraigada desatan la locura y la estupidez incomprensible.
Un corazón de piedra puede torcer la voluntad, provocar tormentas con los sentimientos, enredarse con la conducta y quedar atrapado en la negatividad.
En lo psicológico
Puede trastornar la personalidad y el narcisismo, el psicópata está desconectado de sus emociones y no siente empatía al causar daño o mata sin remordimiento; puede también ser un mecanismo de defensa emocional para protegerse del dolor, de traumas infantiles, de traiciones y humillaciones.
En lo sociológico
Al priorizar el interés propio y el éxito personal por el desprecio a los demás, así unos se enriquecen envenenando a otros vendiendo drogas, otros se ganan la vida matando a sueldo, robar sin escrúpulos, corromperse porque el sistema se los facilita, abusar de los demás por creerse más listos o por el poder que ostentan.
La neurosis del cemento
No conectarse con la naturaleza, con los parques, con el mar, con la familia, con los amigos, provoca una desconexión imperceptible, como la neurosis del cemento al vivir rodeados de edificios atrapados en el tráfico o aislados supuestamente “conectados” en las redes o sumergidos en la TV, afectando la tranquilidad y la salud mental.
Consigo mismo
Aún con una buena conducta podemos creer vivir conectados con nuestro corazón, pero puede resultar que la mente y el orgullo secreto de sentirse buenos predominen, el mejor síntoma es no darnos cuenta, faltar a la caridad, como los fariseos. Los pensamientos continuos dificultan que la conciencia se despierte y no lo advierta.
Al conectarnos con nuestro corazón la frecuencia cardiaca se tranquiliza, lo facilita la respiración profunda repetida y pensar en algo bello que de paz. La cordialidad es la virtud de quien se esmera por vivir acorde con su buen corazón.
Las causas raíz
La dureza del corazón puede ser causada por la ignorancia, el orgullo, la prepotencia, la terquedad, la falta de fe, por trastornos de la personalidad, por mecanismos de defensa, la inconsciencia, el aislamiento, no conectarse con la naturaleza. Nos urgen árboles, jardines y parques limpios para tener paz.
De tal manera que una persona vale por la grandeza de su corazón y por levantarse cada vez que cae. Una buena confesión y terapia restituyen al corazón.
Lo pondremos sencillo
La persona feliz busca la felicidad de quienes le rodean, las personas que pierden la paz perturban a los demás.
En una sociedad infeliz predomina la violencia, en una con paz predominan la civilidad y el respeto. El buen gobierno detona y facilita el orden y el bien común, el pésimo lo vuelve insoportable.
¿De qué sirve hacer nuevos sistemas de riego, léase elecciones, si no se cambian antes las aguas contaminadas que circulan en ellos?
¿Qué tanta paz transmites cuando manejas, en tu trabajo, con los demás, en tu casa? Esa conducta tuya se replica y se multiplica para mal o para bien.
Tú escoges con tu manera de ser qué tipo de comunidad quieres.