El alto costo de ser pasivos
La mayoría cree que los grandes problemas siempre les ocurren a otros... hasta que un día les ocurren a ellos.
Algo que se multiplica velozmente
Un grupo de madres indígenas de la montaña de Guerrero lanzaron un video desesperado “Donald Trump, ayúdanos, manda helicópteros... nos están matando”. El grito evidencia la dolorosa realidad de un estado rebasado, omiso e involucrado. La fórmula perfecta para lo que no queremos.
Para escapar de esta realidad, otros ya se fueron. El INEGI reporta un éxodo de 1.05 millones de mexicanos a EEUU; 28 mil obtuvieron su residencia en España, 9 mil en Portugal.
Pero hay malas noticias
Varios programas de residencia por inversión ahora están siendo cancelados porque contribuyeron a disparar el precio de la vivienda en ambos países. Igual, irse de mojados al otro lado será más difícil por la militarización de la frontera y por las redadas del ICE que desestimulan el éxodo. El tema aquí no es la migración: es detectar una de sus causas para que no tengas que irte.
Buscar una ciudad o estado más seguro y próspero es comprensible. Cuando sentimos que algo se deteriora, el impulso natural es alejarnos. Pero esa estrategia plantea una pregunta incómoda:
¿Qué ocurre cuando millones de personas intentan escapar del mismo problema y casi nadie intenta resolverlo?
¿Una idea equivocada?
Creemos que mantenernos pasivos y neutrales nos protege. Sin embargo, basta observar la vida para descubrir otra realidad.
La empresa que deja de innovar pierde mercado. Un hijo al que nunca se le dedica tiempo no permanece igual. Las parejas que no se comunican se afectan. Los problemas tienen una característica curiosa: mientras nosotros decidimos no actuar, ellos sí lo hacen.
Un patrón revelador
Sucede un patrón que se repite en otros países. Las comunidades no se deterioran de golpe. Primero toleran. Después se acostumbran. Luego normalizan el escándalo y finalmente intentan huir. Justo ahí es donde ocurre el cambio más temido.
El problema no es cuando aparecen los problemas. El problema aparece cuando los problemas dejan de sorprendernos.
Las ideas nocivas
Estas ideas instaladas profundamente arraigadas resumen este momento: “Esto no tiene remedio.” “No podemos hacer nada para cambiarlo”. Ambas conclusiones en realidad suelen ser el principio de la renuncia. Porque, cuando suficientes personas lo creen, dejan de actuar. Y cuando dejan de actuar, el espacio no queda vacío, otros lo ocupan y no siempre los mejores, especialmente donde hay dinero y poder.
La historia nunca se detiene esperando a los indiferentes. México sigue su curso multiplicando por doquier lo que no queremos que suceda. Miles de niños ingresan al narco y hasta las niñas participan en terribles atrocidades. Duro decirlo, pero es más duro permitirlo. El mal termina alcanzando a quienes menos lo esperan y a los más vulnerables.
La descomposición social avanza igual que una gangrena: primero casi no se nota; después, cuando todos la ven, ya ha destruido demasiado tejido.
Una falsa ilusión
Ser neutrales es una ilusión. Es imposible mantenerse al margen de donde uno vive. Existe una idea profundamente arraigada que parece sensata, pero que ha sido desmentida una y otra vez por la historia: creer que no actuar mantiene las cosas igual. Es falso. No actuar también cambia la realidad. Casi siempre la empeora.
Millones de omisiones
Toda sociedad es el resultado de millones de acciones... y de millones de omisiones. Ésa es la factura silenciosa de la pasividad. No llega el mismo día, sino después, cargada de intereses.
Y casi siempre la pagan quienes creyeron que no hacer nada era la forma más segura de protegerse. Tal vez la pregunta que deberíamos hacernos no es si vale la pena involucrarnos. La pregunta verdaderamente importante es otra.
¿Qué futuro estamos construyendo con las omisiones de hoy? ¿Ésta es la comunidad que quieres? ¿Éste es el estado que deseas? En el fondo, la pregunta es una sola: ¿es el país que mereces o el país que deseas?
Es devastador: es la factura de vivir con miedo, es el colapso de los hospitales donde no hay medicinas, es la angustia de regresar a casa y es la paulatina pérdida de la libertad sin que te des cuenta, hasta que ya es demasiado tarde.
Hay 3 categorías de ciudadanos
Hay 3 clases de ciudadanos: 1. Quienes construyen, 2. Quienes destruyen y 3. La inmensa mayoría que, sin proponérselo, facilita que unos pocos decidan el destino de todos.
La neutralidad no existe
Toda acción transforma la realidad. Toda omisión también. La diferencia es que las acciones construyen el futuro que elegimos; las omisiones construyen el futuro que después lamentamos. Además la indiferencia a los demás acelera que suceda lo que no quieres que te pase.